Científicos de la Universidad de Córdoba logran baterías más limpias usando cáscaras de pistacho

Los investigadores han transformado la cáscara de pistacho en una batería sin litio ni metales críticos.

La Universidad de Córdoba ha desarrollado una batería a partir de cáscara de pistacho, un residuo agrícola que ahora puede tener una segunda vida en el almacenamiento energético, en línea con otros avances recientes en el ámbito de investigación andaluza, como la producción de hidrógeno con residuos.

El avance permite trabajar con tecnología de sodio y azufre, más limpia y con una duración de hasta 1.000 ciclos de carga y descarga. La investigación, impulsada por el Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (IQUEMA), abre una vía para reducir la dependencia del litio, el cobalto, el níquel y el cobre en las baterías comerciales.

Una batería de sodio y azufre que aprovecha los residuos del pistacho

El pistacho ha pasado de ser un fruto seco asociado a productos exclusivos a convertirse en un ingrediente habitual en cocina, repostería y cosmética. Pero su auge también deja una consecuencia menos visible: más cáscaras y más residuos agrícolas.

Ahí entra el trabajo del equipo de la UCO. Los investigadores han usado la cáscara para obtener carbones activados que actúan como material conductor dentro de una batería de sodio y azufre. ¿Quién iba a pensar que un residuo tan cotidiano podía acabar dentro de una batería?

Los resultados muestran buen rendimiento, una síntesis sencilla, posibilidades de escalado y bajo consumo de reactivos químicos.

Por qué este avance puede ayudar a fabricar baterías más sostenibles y duraderas

La línea del Iquema busca sustituir el litio de las baterías de ion-litio por materiales más abundantes, baratos y accesibles. La combinación de sodio y azufre resulta especialmente interesante porque ambos elementos están disponibles en grandes cantidades y pueden reducir costes.

Estos son los principales puntos del avance:

  • Utiliza cáscara de pistacho como residuo reciclado.
  • Evita el uso de litio y metales críticos.
  • Se basa en una tecnología de sodio y azufre.
  • Alcanza hasta 1.000 usos de carga y descarga.
  • Puede contribuir a baterías más sostenibles.

No se trata solo de aprovechar un desecho agrícola. También es una forma de responder a una necesidad creciente: fabricar sistemas de almacenamiento más limpios y duraderos.

Qué datos explican la importancia de este proyecto científico en España

El contexto ayuda a entender la relevancia del hallazgo. En España, la producción de pistacho ha crecido un 73% en el último año, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Más producción significa más oportunidades, pero también más residuos que gestionar.

Clave del proyectoDato destacado
UniversidadUniversidad de Córdoba
InstitutoIquema
Material recicladoCáscara de pistacho
TecnologíaBaterías sodio-azufre
Duración logradaHasta 1.000 ciclos
PublicaciónChemical Engineering Journal

La tabla resume el núcleo del trabajo: convertir un residuo del cultivo de moda en una pieza útil para el futuro energético. Y sí, el pistacho quizá tenga más potencial del que parecía a simple vista.

El proyecto SuperNaS busca aplicar esta tecnología en transporte eléctrico y renovables

El estudio forma parte del proyecto SuperNaS, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en la convocatoria de 2023 de Proyectos de Generación de Conocimiento. La iniciativa está liderada por Álvaro Caballero Amores y Juan Luis Gómez Cámer, y tiene como objetivo avanzar en baterías sodio-azufre seguras, sostenibles y de alto rendimiento.

El horizonte es claro: desarrollar sistemas de almacenamiento para sectores exigentes, como el transporte eléctrico o las energías renovables. Porque la transición energética también puede empezar en algo tan pequeño como una cáscara de pistacho.

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