El especialista recuerda que no todas las frutas deben verse como un obstáculo para perder peso. Algunas, como el kiwi, las fresas, la granada o los arándanos, pueden ser una ayuda dentro de una alimentación equilibrada.
Con la llegada del buen tiempo, muchas personas empiezan a revisar sus hábitos alimentarios y a buscar opciones más ligeras de cara al verano. En ese contexto, la fruta vuelve a ocupar un lugar destacado, aunque todavía persisten dudas sobre si conviene tomarla cuando el objetivo es perder peso. De hecho, los expertos alertan de los riesgos de las llamadas dietas hipocalóricas que prometen bajar peso rápidamente.
El cardiólogo y divulgador Aurelio Rojas ha querido poner el foco en una idea que se repite con frecuencia: la creencia de que hay que eliminar la fruta de la dieta por su contenido en azúcar. Según explica, algunas piezas no solo pueden formar parte de un plan saludable, sino que además podrían ayudar al organismo en el proceso de control del apetito y la pérdida de grasa.
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Las frutas que Aurelio Rojas recomienda para perder peso sin eliminar nutrientes
Uno de los errores más habituales en las dietas para adelgazar es equiparar el azúcar natural de la fruta con el azúcar refinado. Esta comparación, señalan muchos profesionales, puede llevar a retirar alimentos que aportan vitaminas, fibra y antioxidantes necesarios para el buen funcionamiento del organismo.
En este sentido, Rojas destaca cuatro frutas concretas: kiwi, fresas, granada y arándanos. Todas ellas, según el cardiólogo, presentan un bajo índice glucémico y no provocan grandes picos de azúcar en sangre, una característica que las convierte en una opción interesante para quienes buscan cuidar su alimentación.
El especialista relaciona estas frutas con la estimulación natural de una hormona conocida como GLP-1, implicada en la regulación del apetito, la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de las grasas. Esta hormona se ha hecho especialmente conocida por su relación con tratamientos farmacológicos para la pérdida de peso.
El papel de la hormona GLP-1 en el apetito y la quema de grasa
Rojas explica que medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro actúan simulando la acción de la GLP-1. Esta hormona ayuda a controlar el hambre, favorece una mejor respuesta a la insulina y participa en procesos vinculados a la utilización de la grasa por parte del cuerpo.
Según el cardiólogo, algunas frutas pueden contribuir de forma natural a estimular esta misma vía. Además, recuerda que el kiwi, las fresas, la granada y los arándanos son ricos en vitamina C, ayudan a reforzar las defensas y pueden tener un efecto positivo sobre el cortisol, conocido como la hormona del estrés.
No obstante, Rojas insiste en que estas frutas deben entenderse como una ayuda dentro de un estilo de vida saludable. No sustituyen ningún tratamiento médico ni deben utilizarse como alternativa a una pauta profesional cuando existe una enfermedad o un problema metabólico diagnosticado.
Por qué el azúcar natural de la fruta no debe confundirse con el refinado
La fruta contiene hidratos de carbono simples, principalmente fructosa, pero también aporta fibra, agua, vitaminas y compuestos antioxidantes. Esta combinación hace que su efecto en el organismo sea diferente al de los productos con azúcares añadidos.
Por este motivo, eliminarla de forma generalizada puede ser un error, especialmente cuando se trata de una dieta equilibrada. Los expertos suelen recomendar su consumo habitual junto con verduras, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de nutrientes.
También existen otros mitos muy extendidos, como la idea de que la fruta engorda más por la noche o que debe tomarse siempre antes de comer. Salvo en casos concretos de salud, el momento del día no suele ser lo más determinante. Lo importante es el conjunto de la alimentación y la forma en la que se consume.
La pieza entera es mejor que el zumo dentro de una dieta saludable
Aunque la fruta puede tener beneficios, no todas las formas de tomarla son iguales. Consumir la pieza entera permite aprovechar mejor la fibra y favorece una mayor sensación de saciedad.
En cambio, cuando se toma en forma de zumo, se pierde parte de esa estructura natural y el azúcar pasa a considerarse azúcar libre. Por eso, esta opción se asocia con un mayor riesgo de desequilibrios si se consume de manera habitual o en grandes cantidades.
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