Una investigación científica analiza cómo el organismo procesa distintas bebidas azucaradas y plantea nuevas dudas sobre sus efectos.
La revista científica Food and Function publica un estudio que apunta que la matriz natural del zumo de naranja 100 % natural puede ralentizar la absorción de glucosa y reducir los picos glucémicos frente a las bebidas azucaradas. Por lo tanto, y en contra de la creencia popular, los azúcares presentes en un zumo de naranja natural y en un refresco no generan necesariamente la misma respuesta en el organismo.
Al mimo tiempo, los expertos recuerdan que existen hábitos y situaciones cotidianas que pueden elevar el azúcar en ayunas, y que son desconocidos para muchos.
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El contexto de un estudio que cuestiona la visión tradicional sobre los azúcares libres
La investigación plantea una diferencia relevante frente a la clasificación habitual de los llamados “azúcares libres”, una categoría en la que organismos como la Organización Mundial de la Salud incluyen tanto los azúcares añadidos como los presentes en zumos de fruta.
El trabajo sostiene que esta comparación puede resultar incompleta, ya que no tiene en cuenta la matriz alimentaria. Es decir, el conjunto de compuestos naturales que acompañan al azúcar en una bebida como el zumo de naranja 100 % natural.
Según los autores, esa matriz podría modificar la velocidad de absorción de la glucosa y reducir el impacto inmediato en sangre. En este sentido, el estudio no defiende un consumo ilimitado de zumos, pero sí advierte de que no todos los azúcares actúan igual dentro del organismo.
Los datos muestran picos de glucosa más bajos con zumo de naranja natural
Los resultados del estudio reflejan diferencias cuantificables entre las bebidas analizadas. Todas contenían 25 gramos de azúcar, pero la respuesta glucémica de los participantes no fue la misma.
Quince minutos después de consumir zumo de naranja 100 % natural, los jóvenes sanos que participaron en la investigación presentaron un nivel de glucosa de 95,9 mg/dL. En cambio, quienes tomaron una bebida con azúcares añadidos y sin zumo alcanzaron los 108,7 mg/dL.
La concentración máxima de glucosa también varió de forma significativa. El grupo que bebió solo glucosa llegó a 134,6 mg/dL; el que tomó agua con azúcares añadidos alcanzó los 121,6 mg/dL; y quienes consumieron zumo de naranja natural no superaron los 113,8 mg/dL.
La matriz natural de la fruta puede influir en la absorción del azúcar
El estudio apunta a una relación directa, es decir, cuanto mayor es la presencia de matriz natural en la bebida, menor es el pico glucémico resultante. Los investigadores atribuyen este efecto a distintos componentes del zumo de naranja.
Entre ellos se encuentran polifenoles como la hesperidina y la narirutina, que podrían interferir en los transportadores de glucosa SGLT1 y GLUT2, compitiendo con el azúcar en su acceso al torrente sanguíneo.
Además, minerales como el potasio, el magnesio y el calcio participan en procesos celulares relacionados con el traslado de la glucosa hacia tejidos como el músculo. A ello se suman pequeñas trazas de fibra y el pH propio del zumo, que pueden ralentizar el vaciamiento gástrico.
La respuesta individual ante el azúcar no es igual en todas las personas
Otra de las conclusiones del trabajo es que no todos los individuos reaccionan igual ante una misma cantidad de azúcar. Incluso dentro de un grupo homogéneo de hombres jóvenes y sanos, los investigadores detectaron respuestas diferentes.
El estudio distingue entre “respondedores altos” y “respondedores bajos”. Los primeros presentan picos de glucosa más pronunciados tras ingerir azúcar, por lo que el zumo de naranja natural mostró en ellos un efecto menos agresivo que una bebida azucarada.
En los “respondedores bajos”, en cambio, los picos fueron más modestos y la diferencia entre ambas bebidas resultó menos evidente. Esto refuerza la idea de que la alimentación no siempre puede analizarse con una única regla general para toda la población.
Las implicaciones del hallazgo para la alimentación y la salud diaria
El estudio, financiado por la European Fruit Juice Association y realizado en el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura del CSIC, subraya que sus conclusiones tienen límites. Los datos proceden de hombres jóvenes y sanos, por lo que todavía falta estudiar qué ocurre en personas mayores o con enfermedades metabólicas.
Aun así, la investigación abre una reflexión relevante para los hábitos de consumo. No se trata solo de contar gramos de azúcar, sino de analizar el alimento o la bebida en su conjunto.
Los autores concluyen que el zumo de fruta 100 % natural es una entidad biológicamente distinta a un refresco con azúcares añadidos. Por este motivo, el debate nutricional podría avanzar hacia un enfoque más preciso, menos centrado en etiquetas absolutas y más atento a la respuesta real de cada organismo.
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