Expertos alertan: las olas de calor dejan secuelas en la salud que pueden aparecer días después

La deshidratación acumulada, la sobrecarga renal o la descompensación de patologías previas pueden manifestarse cuando las temperaturas ya han bajado.

Las olas de calor no terminan siempre cuando el termómetro vuelve a cifras más habituales. Aunque la sensación de riesgo disminuya al bajar las temperaturas, el organismo puede seguir arrastrando durante días las consecuencias del calor extremo.

Así lo advierte la doctora María Villalonga Comas, coordinadora del Observatorio de Cambio Climático de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que recuerda que el daño fisiológico puede acumularse durante el episodio de altas temperaturas y aparecer más tarde en forma de complicaciones graves. Los expertos advierten de que la vigilancia debe mantenerse, especialmente en personas mayores, pacientes crónicos y trabajadores expuestos al calor.

El riesgo para la salud no desaparece cuando termina la ola de calor

Durante una ola de calor, el cuerpo realiza un esfuerzo constante para mantener su temperatura interna. Esa exigencia puede provocar deshidratación, alterar la función del riñón, aumentar el riesgo de trombos y agravar enfermedades previas.

El problema, según los especialistas, es que muchas de estas consecuencias no se detectan en el momento de mayor calor. En algunos casos, un ictus, una insuficiencia cardíaca o un fallo renal pueden aparecer cuando la persona ya cree que el peligro ha pasado.

Por este motivo, Villalonga insiste en que no debe bajarse la guardia tras los días de temperaturas extremas. La vigilancia debe continuar, sobre todo en personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas y ciudadanos que toman determinados tratamientos.

Los medicamentos que pueden aumentar la vulnerabilidad durante el verano

Uno de los puntos que más preocupa a los médicos es el papel de algunos fármacos. Millones de personas toman a diario medicamentos que pueden interferir en la regulación de la temperatura corporal o favorecer la pérdida de líquidos.

Entre ellos se encuentran los diuréticos, betabloqueantes, inhibidores del sistema renina-angiotensina, antidiabéticos del grupo SGLT2, antidepresivos y antipsicóticos. No significa que deban suspenderse, pero sí que conviene extremar la precaución.

La recomendación de la experta es clara: no abandonar tratamientos por cuenta propia. En caso de duda, lo adecuado es consultar con el equipo médico para revisar medidas de protección, hidratación y seguimiento durante los episodios de calor extremo.

Los datos hospitalarios pueden no reflejar todo el impacto del calor extremo

Otro aspecto relevante es que las cifras de ingresos hospitalarios no siempre muestran la dimensión real del problema. La doctora Villalonga señala que existe un límite importante: los registros solo recogen a quienes llegan al hospital.

En epidemiología se habla del llamado “efecto cosecha”, por el que los pacientes más frágiles pueden fallecer fuera del sistema sanitario antes de ingresar. Esto hace que el impacto del calor en los grupos más vulnerables pueda quedar infrarrepresentado.

Esta realidad obliga a reforzar la prevención fuera del hospital. Identificar a las personas en riesgo, llamarlas, visitarlas y acompañarlas durante los días posteriores a la ola de calor puede ser tan importante como cualquier actuación clínica.

La prevención en casa y en el trabajo gana importancia ante el calor

El Plan Nacional del Ministerio de Sanidad contempla la atención a personas vulnerables mediante servicios de teleasistencia y trabajo social, que intensifican sus llamadas durante los picos de temperatura. Ese seguimiento resulta clave cuando el riesgo se mantiene más allá del episodio meteorológico.

Además, los expertos recuerdan que no solo las personas mayores están expuestas. En el Hospital Universitario Son Espases, en Palma de Mallorca, el análisis de ingresos urgentes durante 17 años detectó un incremento estadísticamente significativo en el grupo de 15 a 65 años.

En este contexto, los trabajadores de hostelería y restauración aparecen como uno de los colectivos más expuestos. Cocinas, terrazas y espacios poco climatizados pueden convertirse en entornos de riesgo, especialmente en plena temporada turística.

Por todo ello, la recomendación final es sencilla pero decisiva: seguir observando síntomas, hidratarse, evitar esfuerzos innecesarios y mantener el contacto con las personas vulnerables incluso cuando la ola de calor ya ha terminado. El calor puede irse del termómetro antes de desaparecer del cuerpo.

Deja un comentario