Le despidieron en 2024 sin abonarle los días de descanso que no había podido disfrutar y el tribunal laboral terminó dándole la razón.
Un administrador de fincas de Reino Unido ha logrado que la Justicia condene a su empresa a pagarle 460.000 euros después de acreditar que acumuló 827 días de vacaciones no disfrutadas durante 25 años. El conflicto se produjo tras su despido en 2024, cuando la compañía rechazó abonarle esos días pendientes pese a la existencia de un acuerdo previo. En un contexto donde, en España, la Inspección de Trabajo advierte de multas por este tipo de prácticas, relacionadas con el disfrute de las vacaciones.
El trabajador, Mossadek Ageli, sostuvo que no pudo irse de vacaciones por la falta de personal en la empresa y porque tenía que seguir trabajando para que la producción no se viese afectada. Finalmente, el tribunal laboral reconoció tanto las vacaciones adeudadas como una indemnización adicional por despido improcedente.
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Cómo Mossadek Ageli acumuló 827 días de vacaciones por falta de personal
Ageli se incorporó a la compañía en 1987 como subdirector general con 30 días de vacaciones anuales. Sin embargo, durante sus dos primeros años no pudo disfrutarlas porque, según expuso, solo él y su asistente personal eran empleados a tiempo completo, por lo que no podían dejar de trabajar.
Entre 1988 y 1996, los directivos rechazaron su solicitud de obtener 200 días de vacaciones, aunque más adelante aumentaron su descanso anual de 30 a 45 días. Ante esta situación, el trabajador decidió pactar con la dirección que las vacaciones que no pudiera disfrutar se le compensarían económicamente.
Ese acuerdo no implicaba un pago anual inmediato, sino que las cantidades se irían acumulando. De hecho, consta que en 2001 y en 2004 Ageli recibió 15.000 libras esterlinas en concepto de compensación por vacaciones no disfrutadas, una circunstancia que después resultó clave para sostener su reclamación.
El despido de 2024 y la negativa de la empresa a pagar las vacaciones
La situación cambió en 2022, cuando se produjo una renovación de la junta directiva. Los nuevos responsables le exigieron documentación que acreditase que estaba cobrando por los días de vacaciones que no disfrutaba, pese a que ya existían pagos anteriores vinculados a ese acuerdo.
A pesar de ello, la nueva dirección fue retirándole responsabilidades de forma gradual hasta despedirle en 2024 por una supuesta falta grave, acusación que el trabajador negó. Además, la empresa le comunicó que no tenía intención de abonarle los 827 días de vacaciones acumulados desde 1998.
Por este motivo, Ageli acudió a los tribunales. En el juicio quedó probado que había acumulado más de tres años de vacaciones sin disfrutar. También defendió que, como la empresa no contaba con plan de pensiones, tanto él como su asistente personal «estaban guardando las vacaciones que no podías tomar para cuando las necesitáramos o al jubilarnos».
La condena del tribunal laboral y el debate sobre vacaciones no disfrutadas
Con todo lo anterior, el tribunal laboral estimó su reclamación y condenó a la empresa a pagarle las vacaciones pendientes, además de otras 105.000 libras esterlinas por despido improcedente. La suma total asciende a 400.000 libras, que al cambio equivalen a unos 460.000 euros.
Este caso deja una cifra especialmente llamativa por el volumen de días acumulados y por el tiempo durante el que se mantuvo la situación. En este sentido, también pone el foco en cómo los acuerdos internos sobre vacaciones pueden acabar en los tribunales cuando cambian las direcciones de las empresas o se cuestionan pactos previos.
Además, conviene recordar que, en España, el artículo 38 del Estatuto de los Trabajadores prohíbe sustituir las vacaciones por una compensación económica.
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