La combinación de la dieta mediterránea y el patrón MIND se asocia con un menor deterioro de la estructura cerebral con el paso de los años.
Cuidar lo que se come no solo influye en el peso o en el corazón. También, puede marcar diferencias en el cerebro. Una investigación de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, publicada en Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, concluye que seguir una dieta MIND se relaciona con una menor pérdida de materia gris y con una expansión ventricular más lenta, dos señales ligadas al envejecimiento cerebral.
En este orden de cosas, cada vez cobra más importancia seguir hábitos diarios para un envejecimiento saludable. Por consiguiente, el hallazgo de esta investigación apunta a una pauta alimentaria que puede resultar esencial para proteger la memoria y otras funciones cognitivas.
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Qué alimentos incluye la dieta MIND para proteger la salud cerebral con los años
La dieta MIND nace de la combinación entre la dieta mediterránea y la alimentación orientada a reducir la presión arterial. Su objetivo se centra en favorecer la salud cognitiva y, de paso, reducir el impacto del envejecimiento en el cerebro. Entre los alimentos que recomienda tomar con regularidad destacan los siguientes:
- Verduras de hoja verde.
- Otro tipo de verduras.
- Bayas.
- Frutos secos.
- Cereales integrales.
- Pescado.
- Legumbres.
- Aceite de oliva.
- Aves de corral.
- Consumo moderado de vino.
Asimismo, aconseja limitar mantequilla, margarina, queso, carne roja, dulces y comida rápida frita. ¿La clave está en comer perfecto cada día? No necesariamente. Lo relevante, según el trabajo, es mantener una pauta constante y cercana a este modelo.
Los resultados del estudio sobre materia gris, ventrículos y deterioro cerebral
Para analizar el efecto de esta alimentación, los investigadores estudiaron a 1.647 adultos de mediana edad y mayores, con una edad media inicial de 60 años, pertenecientes a la cohorte de descendientes del Estudio del Corazón de Framingham.
Durante un seguimiento medio de 12 años, las resonancias magnéticas mostraron reducciones en el volumen total del cerebro, la materia gris, la materia blanca y el hipocampo. Al mismo tiempo, aumentaron el líquido cefalorraquídeo, los volúmenes ventriculares y las hiperintensidades de la materia blanca, indicativas de daño tisular.
La diferencia apareció al comparar la alimentación. Quienes obtenían mejores puntuaciones en la escala MIND presentaban una pérdida más lenta de materia gris y una expansión ventricular total menos acusada. Para entender mejor qué alimentos pesaron más en esos resultados, este es el resumen:
| Alimentos o grupos | Relación observada |
|---|---|
| Bayas | Aumento más lento del volumen ventricular |
| Aves de corral | Menor pérdida de materia gris y menor expansión ventricular |
| Dulces | Mayor expansión ventricular y atrofia del hipocampo |
| Comida rápida frita | Mayor disminución del volumen del hipocampo |
| Queso | Cambios más lentos en materia gris e hipocampo |
Eso sí, hubo un dato inesperado. Un mayor consumo de cereales integrales se asoció con cambios estructurales menos favorables. En consecuencia, el estudio refuerza la idea de que la alimentación puede influir en cómo envejece el cerebro. No promete milagros, pero sí abre una vía muy concreta: comer mejor para vivir más años en buenas condiciones.
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