El subsuelo del conjunto monumental nazarí esconde un entramado de galerías, aljibes y silos que funcionaban como el motor oculto de la ciudad palatina.
Los túneles de la Alhambra conforman un monumento subterráneo casi invisible para los millones de visitantes que cada año pasean por sus palacios y jardines. Bajo la roca de la colina de la Sabika pervive una compleja red de canalizaciones, depósitos y galerías que garantizó la viabilidad de la ciudadela durante centurias; la mitología popular suele vincular estos espacios con vías de escape o riquezas ocultas, pero las investigaciones históricas demuestran que se trata de un prodigio de la ingeniería militar y del abastecimiento de agua.
Debajo de las residencias reales no se extienden pasadizos de ficción literaria, sino los túneles de la Alhambra: un conjunto de infraestructuras esenciales para la subsistencia cotidiana de la numerosa población del complejo. Este entramado subterráneo de este emblemático monumento destaca principalmente por su sentido práctico. Y es que, su diseño permitía afrontar bloqueos militares prolongados al asegurar el acopio de comida y de recursos hídricos.
Qué infraestructuras reales componen los túneles de la Alhambra
La habitabilidad en la colina de la Sabika requería obligatoriamente de una planificación subterránea muy avanzada. Según explica el Patronato de la Alhambra y Generalife, el subsuelo de la fortaleza acoge instalaciones diversas destinadas a tareas muy concretas:
- La Acequia Real. Constituye el canal vital que abasteció al recinto a lo largo de setecientos años; esta obra de ingeniería recogía el caudal a 11 kilómetros de distancia en el río Darro para guiarlo hasta el núcleo palaciego.
- La Torre del Agua. Ubicada en el sector comprendido entre el Partal y el Generalife, resulta fundamental para la distribución hídrica al encontrarse unida al arco del Agua, el conducto por el que pasa la canalización principal.
- El aljibe de Tendilla. Construido en 1494 en la depresión situada entre la Alcazaba y el área residencial, consiste en un depósito subterráneo de dos naves y seis respiraderos pensado para almacenar agua y soportar cercos militares.
- Los silos y mazmorras. Tallados directamente sobre la roca, se distribuyen por áreas como la Alcazaba, la medina, la Puerta del Vino y el Secano; unos funcionaban para guardar alimentos y otros servían como celdas de reclusión.
Mediante este sistema, complementado por pasos como la Galería de las Damas o el Pasadizo de la Torre del Agua, los gobernantes de la dinastía nazarí garantizaban el riego de jardines, el servicio de baños y el funcionamiento de surtidores durante los conflictos bélicos.
Cómo visitar el monumento y qué zonas están abiertas al público
El recinto de la Alhambra y el Generalife, catalogado como Patrimonio Mundial por la UNESCO el 2 de noviembre de 1984, conserva estas redes subterráneas restringidas a las visitas turísticas por criterios de seguridad y preservación. No obstante, el público puede apreciar los elementos externos que enlazan con estas cavidades a lo largo del itinerario ordinario.
Los pases oficiales permiten la entrada a las cuatro áreas fundamentales del complejo: la Alcazaba, los Palacios Nazaríes, el Partal y el Generalife; por el contrario, la visita al Palacio de Carlos V no requiere entrada y es de acceso gratuito.
Con el fin de planificar el recorrido, el calendario de apertura se organiza en dos periodos anuales:
- Del 1 de abril al 14 de octubre: entre las 08:30 y las 20:00 horas.
- Del 15 de octubre al 31 de marzo: entre las 08:30 y las 18:00 horas.
De acuerdo con las tarifas fijadas por la Junta de Andalucía, el billete general cuesta 22,27 euros, el acceso a los jardines tiene un precio de 12,73 euros, el pase nocturno para los Palacios Nazaríes vale 12,73 euros y el nocturno de jardines cuesta 8,48 euros. Las reservas pueden realizarse de manera anticipada hasta las 23:59 horas de la jornada previa al recorrido, estableciéndose un cupo máximo de 10 entradas por persona física y mes. Pese a que los túneles de la Alhambra continúen vedados al tránsito del público, su estructura representa el cimiento invisible que mantiene en pie el gran emblema de Granada.
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