Almuñécar se ha consolidado como uno de los destinos más completos de la costa granadina para quienes buscan mar, historia, gastronomía y paseos con vistas.
Almuñécar tiene algo de refugio clásico y algo de destino que nunca termina de agotarse. En invierno conserva el ritmo de una ciudad costera tranquila, con menos de treinta mil habitantes. En verano, en cambio, se transforma con la llegada de visitantes que buscan sol, playa y esa manera tan andaluza de entender el descanso, en la que caminar, comer bien y mirar al mar forman parte del mismo plan.
No es casualidad que muchos granadinos tengan allí su segunda residencia. Tampoco que lleguen viajeros de otros puntos de España y una notable presencia de visitantes nórdicos, especialmente en los meses fríos, cuando el clima de la Costa Tropical hace honor a su nombre. Su litoral permite recorrer la ciudad casi de extremo a extremo, entre playas urbanas, restos arqueológicos, chiringuitos y rincones naturales poco transitados de enorme belleza.
Un paseo marítimo para recorrer Almuñécar entre playas, tapas y vistas al Mediterráneo
Hay localidades costeras que han crecido dando la espalda al mar. Almuñécar, sin embargo, hace justo lo contrario. Su paseo marítimo permite atravesar buena parte de la ciudad siguiendo la línea del litoral, con pequeñas interrupciones marcadas por la geografía, pero siempre con el Mediterráneo como referencia.
La ruta puede comenzar en la playa de Velilla y avanzar hacia Cotobro, o hacerse en sentido inverso. En cualquiera de los casos, el caminante irá encontrando paradas que explican por qué este municipio es mucho más que un destino de playa.
Uno de esos puntos es Aquatropic, un parque acuático singular por utilizar agua salada en sus instalaciones. Lleva décadas siendo un clásico para familias y visitantes, con capacidad para atraer incluso a quienes llegan desde provincias cercanas como Almería, Jaén o Málaga.
El castillo de San Miguel y la historia que se asoma al mar
Avanzando hacia el oeste, aparece una de las siluetas más reconocibles de Almuñécar: el castillo de San Miguel. Esta fortaleza, vinculada al pasado nazarí y situada en un punto privilegiado, ofrece una de esas panorámicas que justifican por sí solas la subida.
El entorno permite entender la importancia histórica del municipio. Muy cerca se encuentra el Museo Arqueológico Cueva de los Siete Palacios, donde se conserva parte de la memoria de una ciudad con raíces fenicias, romanas, árabes y cristianas.
Ese pasado también se reconoce al aire libre. A pocos minutos del castillo se pueden ver restos de termas romanas, una antigua fábrica de salazón dentro del parque botánico El Majuelo y un acueducto del siglo I. Todo queda lo bastante cerca como para convertir el paseo en una mezcla de excursión costera y recorrido arqueológico.
Chiringuitos, playas urbanas y rincones donde detenerse sin mirar el reloj
Después de la visita cultural, lo razonable es dejarse caer por el centro, perderse entre sus calles y parar a tomar algo en alguna taberna de las de siempre. Almuñécar conserva ese punto de casco urbano vivido, con establecimientos donde recuperar fuerzas antes de volver al paseo.
Los Peñones de San Cristóbal dividen visualmente la ciudad y abren el camino hacia una de sus playas más frecuentadas. Allí se suceden los bares y chiringuitos donde el pescado ocupa, como era de esperar, un lugar protagonista.
La ruta continúa hacia Cotobro, donde el terreno empieza a cambiar. El paisaje se vuelve más abrupto, la costa se estrecha y aparecen los primeros acantilados. Es la antesala de una zona menos urbana y más salvaje.
La Herradura, Cerro Gordo y los acantilados que cierran una ruta inolvidable
Tras la playa nudista de El Muerto, el camino se complica y la Punta de la Mona se impone en el horizonte. Esta zona es muy apreciada por los aficionados al buceo, que encuentran aquí fondos marinos especialmente atractivos.
Más adelante aparece el puerto deportivo Marina del Este, el único de la provincia, y después La Herradura. Aunque pertenece al término municipal de Almuñécar, sus vecinos han construido una identidad propia, así que conviene llamarla por su nombre y disfrutarla como lo que es: una localidad con personalidad.
Su playa, con forma de herradura y más de dos kilómetros de extensión, es perfecta para pasear, descansar o pasar unos días sin demasiadas obligaciones. A partir de ahí regresan los acantilados, ya en Cerro Gordo, frontera natural entre Granada y Málaga.
Entre esas rocas se esconden playas como Cantarriján o El Cañuelo, algunas de acceso sencillo y otras más apartadas. Ahí termina el recorrido, al menos sobre el mapa. Porque en Almuñécar siempre queda la posibilidad de volver sobre los propios pasos y descubrir el mismo paisaje de nuevo, esta vez en sentido contrario.
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