El Servicio Andaluz de Salud refuerza el seguimiento clínico y la prevención secundaria para reducir el impacto de unas lesiones que merman gravemente la autonomía de los mayores.
Las fracturas por osteoporosis constituyen uno de los principales retos para la salud pública de la población de edad avanzada en España y, de forma específica, en el territorio andaluz. De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Sanidad, la fragilidad física perjudica al 18% de los mayores, un porcentaje que oscila entre el 18% y el 38% al superar los 85 años de edad. Esta debilidad corporal incrementa de manera considerable la probabilidad de caídas; de hecho, en torno al 30% de los ciudadanos mayores de 65 años experimenta un tropiezo de esta clase anualmente, y entre el 5% y el 10% de estos accidentes deriva en una rotura ósea.
Las consecuencias de estos traumatismos superan el sufrimiento físico inicial. En el ámbito nacional, los resbalones y caídas representan el principal motivo de deceso por causas externas en esta franja de edad, provocando más de 3.000 muertes cada año. Asimismo, aproximadamente el 40% de los afectados por una rotura de cadera pierde de forma permanente su movilidad anterior, limitando gravemente su rutina diaria. Desde la perspectiva sanitaria, el gasto público es muy elevado: el Ministerio de Sanidad contabilizó 41.824 altas médicas por intervenciones de fémur y cadera, con un promedio de hospitalización de 9,7 jornadas y un desembolso medio de 9.452,2 euros por proceso.
Cómo actúa el SAS ante las fracturas por osteoporosis en Andalucía
Con el fin de abordar esta problemática, el Servicio Andaluz de Salud ofrece un programa de atención específico para roturas de cadera que garantiza asistencia médica coordinada a personas a partir de los 65 años. La meta fundamental de esta estrategia es la prevención secundaria, buscando impedir que un paciente que ya ha padecido una lesión de este tipo deba ser hospitalizado nuevamente por el mismo motivo.
Con este propósito, los protocolos médicos de la Junta de Andalucía aconsejan aplicar medidas de autocuidado y corregir conductas de riesgo mediante las siguientes pautas:
- Práctica de ejercicio diario adaptado a las condiciones físicas individuales.
- Exposición solar moderada para estimular la asimilación de vitamina D.
- Disminución drástica del consumo de tabaco y bebidas alcohólicas.
- Actividades dirigidas a potenciar la musculatura y el equilibrio.
- Acondicionamiento de la vivienda para retirar alfombras y barreras físicas.
- Suspensión paulatina de benzodiacepinas con control médico.
En lo relativo a la medicación, la guía clínica andaluza prescribe la toma diaria de colecalciferol (800 UI) combinada con calcio (1.200 miligramos). De igual modo, se aconseja efectuar una densitometría ósea a los pacientes que tengan entre 65 y 74 años de edad. En el caso de personas mayores de 75 años que ya hayan sufrido una rotura por debilidad o con un diagnóstico evidente de descalcificación, se establece el uso de alendronato semanal durante 5 años como terapia prioritaria.
Criterios médicos para el tratamiento farmacológico
La indicación de fármacos para frenar el deterioro de los huesos requiere un control riguroso. De acuerdo con el documento andaluz de uso racional para esta patología, resulta indispensable evaluar de forma previa el peligro real de sufrir fracturas por osteoporosis, analizando conjuntamente el historial clínico del enfermo y las pruebas de densitometría ósea.
El Servicio Andaluz de Salud advierte de que el calcio y la vitamina D no deben emplearse como terapia exclusiva para evitar lesiones en pacientes que no residan en centros de mayores. Los facultativos deben supervisar los plazos de administración de cada principio activo: el tratamiento con alendronato tras la menopausia se revisa a los 5 años, el risedronato puede prolongarse hasta los 7 años y el ácido zoledrónico se restringe a un máximo de 3 años. La vigilancia médica se ha optimizado con técnicas de diagnóstico avanzadas, como el índice TBS y la identificación de lesiones vertebrales por densitometría, facilitando terapias combinadas más exactas.
El reto de evitar una segunda caída
Evitar el primer accidente es la estrategia más eficiente para contener el gasto sanitario derivado de la debilidad ósea, calculado en unos 2.500 euros anuales por afectado. Si no se interviene con rapidez tras el primer suceso, la probabilidad de reingreso hospitalario se eleva drásticamente; de hecho, la posibilidad de padecer nuevas fracturas por osteoporosis se multiplica de forma progresiva: es tres veces superior para un segundo episodio, cinco veces para el tercero y hasta ocho veces para el cuarto.
Por esta razón, la Junta de Andalucía resalta la puesta en marcha de unidades de coordinación de fracturas en diversos centros hospitalarios de la red pública. Estos servicios especializados facilitan la localización temprana de los usuarios vulnerables para proporcionarles asistencia médica integral de forma inmediata, disminuyendo el riesgo de recaídas y mejorando sustancialmente su bienestar diario.
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