El doctor Alejandro Martínez Rico recomienda un sencillo abrazo somático para rebajar el malestar cuando la ansiedad aparece de forma repentina.
La ansiedad puede irrumpir en mitad de un día normal y alterar por completo el ritmo de quien la sufre. Para esas situaciones en las que el cuerpo se activa de golpe, el psiquiatra Alejandro Martínez Rico ha compartido un gesto muy simple que, según explica, ayuda a recuperar la calma en pocos segundos y a mandar una señal de seguridad al cerebro.
Se trata de un recurso corporal fácil de aplicar y pensado para esos momentos en los que el estrés se dispara sin aviso. Además, complementar estos hábitos con opciones naturales como infusiones que reducen la ansiedad puede reforzar esa sensación de bienestar.
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Qué le ocurre al cuerpo cuando la ansiedad aparece de repente
La mayoría de las personas ha sentido alguna vez los síntomas de la ansiedad. Se trata de una respuesta natural del organismo ante el miedo, la inquietud o el estrés, aunque el problema aparece cuando esas sensaciones dejan de ser puntuales y empiezan a repetirse con frecuencia.
En España, se estima que alrededor del 20% de la población sufre un trastorno de ansiedad. En esos casos, el malestar puede llegar a condicionar la rutina diaria, el descanso, la concentración e incluso las relaciones personales.
Entre los síntomas más habituales figuran los pensamientos difíciles de controlar, la tensión muscular, la sensación de falta de aire, los mareos o las palpitaciones. Tal y como recoge la Biblioteca Nacional de Medicina, cuando el cuadro se mantiene en el tiempo suele requerir tratamiento, que normalmente comienza con psicoterapia y, en algunos casos, también con fármacos.
El abrazo somático que propone Alejandro Martínez Rico para recuperar la calma
Sin embargo, no todos los episodios de ansiedad llegan con margen para anticiparse. Muchas veces aparecen de manera brusca y, precisamente por eso, algunos especialistas recomiendan herramientas rápidas y sencillas que ayuden a bajar la activación del cuerpo en ese mismo instante.
En este sentido, Martínez Rico defiende un gesto corporal conocido como abrazo somático. La técnica consiste en colocar la mano derecha debajo de la axila izquierda y el brazo izquierdo sobre el hombro derecho, apretando suavemente durante unos segundos mientras se mantiene una respiración lenta.
“A veces la ansiedad no se calma pensando, se calma desde el cuerpo”, explica el psiquiatra en sus redes sociales. La idea, según detalla, es utilizar el tacto y la presión suave como una vía para regular el sistema nervioso cuando la mente ya va demasiado deprisa.
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Por qué este gesto puede activar el freno natural del cerebro
De acuerdo con el especialista, este abrazo activa el sistema parasimpático, es decir, el mecanismo que ayuda al organismo a salir del estado de alerta. Por este motivo, se le considera una especie de freno de emergencia que contribuye a rebajar la intensidad de la respuesta de estrés.
La presión suave sobre el cuerpo activa receptores táctiles que envían señales de seguridad al cerebro. Además, ese cruce de brazos genera una estimulación bilateral que, según Martínez Rico, puede ayudar a desbloquear la respuesta de miedo y a reducir la activación de la amígdala, una de las estructuras implicadas en la alarma emocional.
Cuándo conviene recurrir a este truco y qué hacer si persiste
El psiquiatra recomienda ponerlo en práctica justo cuando se note que la ansiedad empieza a subir. No hace falta esperar a que el episodio se intensifique: cuanto antes se aplique, más fácil puede resultar cortar esa escalada de tensión física y mental.
Dado lo anterior, el abrazo somático se presenta como una herramienta útil, accesible y discreta para esos momentos de agobio puntual. Aun así, los expertos recuerdan que no sustituye a un tratamiento cuando los síntomas son frecuentes, persistentes o afectan al día a día.
La clave, en definitiva, está en entender que el cuerpo también puede convertirse en un aliado para recuperar la calma. Y, a veces, un gesto tan simple como cruzar los brazos sobre uno mismo basta para recordarle al cerebro un mensaje esencial: ahora mismo no hay peligro.
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