Investigadoras de la Universidad de Sevilla han comprobado que la oleaceína, presente de forma natural en el AOVE, puede disminuir la inflamación en células humanas del tejido articular.
El aceite de oliva virgen extra vuelve a situarse en el centro de la investigación en salud. Un estudio financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación y desarrollado por la Universidad de Sevilla ha demostrado que la oleaceína, uno de sus compuestos naturales, puede reducir la inflamación en células humanas de las articulaciones. Además, puede actuar sobre los mecanismos celulares que regulan la respuesta inflamatoria.
Este trabajo refuerza el interés creciente por determinados alimentos con potencial funcional dentro de una dieta equilibrada. En este caso, la investigación pone el foco en patologías como la artritis reumatoide o la artritis psoriásica. En dichas enfermedades, la inflamación mantenida puede terminar dañando de forma irreversible el tejido articular. El hallazgo abre una nueva vía para entender el papel de la alimentación en enfermedades inflamatorias crónicas.
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La oleaceína del aceite de oliva virgen extra gana peso en la salud articular
La inflamación es uno de los procesos más característicos de las enfermedades articulares crónicas. Más allá del dolor, este fenómeno puede comprometer con el tiempo la movilidad y el buen funcionamiento de la articulación.
Con ese punto de partida, el equipo científico trabajó con células sinoviales humanas, que recubren el interior de las articulaciones y desempeñan un papel clave en la respuesta inflamatoria. Dado lo anterior, el objetivo era comprobar si la oleaceína era capaz de frenar ese proceso en un entorno controlado de laboratorio.
El estudio, publicado en la revista Food & Function bajo el título Epigenetic regulation by oleacein mitigates IL-1β-induced inflammation in human SW982 synovial cells, aporta una base científica relevante para seguir explorando el papel del aceite de oliva virgen extra como apoyo nutricional en el bienestar articular.
Así se diseñó el experimento para medir la respuesta inflamatoria en laboratorio
Para analizar el efecto del compuesto, las investigadoras organizaron tres grupos de células. El primero se mantuvo en condiciones normales, con el fin de servir como referencia durante todo el experimento. En el segundo grupo se provocó una inflamación artificial mediante IL-1β, una molécula del sistema inmunitario que actúa como señal de alarma y desencadena la producción de compuestos inflamatorios. En el tercero, las células recibieron distintas concentraciones de oleaceína antes de activar esa señal.
Los resultados fueron claros. Las células inflamadas generaban mayores cantidades de sustancias asociadas tanto a la inflamación como al deterioro del tejido articular. Sin embargo, cuando se aplicaba oleaceína previamente, esa respuesta descendía de forma significativa. “Observamos que el compuesto disminuía varias de las señales biológicas que indican que la inflamación está en marcha, lo que se traduce en que la reacción de las células tratadas fue menor”, explica Rocío Muñoz García, investigadora de la Universidad de Sevilla y autora principal del estudio.
El estudio apunta a un efecto directo sobre el control de los genes
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que no se limita a medir la inflamación visible. Las investigadoras también analizaron qué ocurre en el interior de la célula cuando se activa este proceso.
Los genes funcionan como instrucciones que la célula pone en marcha según sus necesidades. En este sentido, existen mecanismos epigenéticos que deciden qué genes se activan y cuáles permanecen apagados en cada momento.
La investigación sugiere que la oleaceína también influye en ese sistema de regulación. Es decir, no solo reduce las señales inflamatorias, sino que podría intervenir en ese “panel de control” interno que organiza la respuesta de la célula frente a la inflamación.
Qué significa este avance para la nutrición y el bienestar cotidiano
Aunque se trata de un estudio preclínico y realizado en laboratorio, el hallazgo tiene especial interés en el ámbito del estilo de vida saludable. No plantea el aceite de oliva virgen extra como un sustituto de los tratamientos médicos, pero sí refuerza su valor dentro de un patrón de alimentación asociado al cuidado de la salud.
Por este motivo, las investigadoras insisten en que el siguiente paso será analizar el comportamiento de la oleaceína en células procedentes de pacientes reales, para confirmar si sus efectos se mantienen en condiciones más cercanas a la práctica clínica.
La investigación ha contado con financiación de la Junta de Andalucía y fondos europeos FEDER, dentro de dos proyectos centrados en estudiar el potencial del aceite de oliva virgen extra como estrategia nutricional frente a enfermedades inflamatorias. Un avance que, sin hacer promesas prematuras, vuelve a poner sobre la mesa la estrecha relación entre alimentación, ciencia y bienestar.
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