La ciudad andaluza que invita a viajar sin prisas entre dólmenes prehistóricos y calles llenas de historia

A los pies de la Sierra de El Torcal y al norte de Málaga, esta ciudad reúne dólmenes milenarios, huellas romanas y una alcazaba de Al‑Ándalus.

Antequera no es de esas visitas que se despachan a la carrera. Su casco histórico, extendido por la ladera de una colina, invita a caminar con calma y a mirar dos veces. En su núcleo urbano, conviven siglos de historia en apenas unas calles, con la sensación constante de estar cruzando capas del tiempo.

En este sentido, el atractivo no se reduce a un monumento concreto, sino a un conjunto abrumador de edificios, puertas, templos y enclaves arqueológicos que dan forma a una escapada redonda. Además, tanto para quienes buscan cultura como para quienes prefieren alternarla con naturaleza. Un plan perfecto para pasar un fin de semana sin prisas.

El contexto de Antequera, una escapada cultural en plena Andalucía interior

Situada en el centro de la comarca malagueña que lleva su nombre, con bosques que en otoño e invierno se visten de tonos bronce, la ciudad ha sido lugar de paso y asentamiento desde tiempos prehistóricos. Ese carácter de cruce de caminos se nota hoy en su patrimonio, diverso y sorprendentemente bien repartido.

Por este motivo, recorrerla se parece más a abrir un álbum de épocas que a seguir un único itinerario. Entre plazas, cuestas y miradores, aparecen más de medio centenar de monumentos y enclaves que explican por qué se la conoce como el corazón de Andalucía.

Los detalles del casco histórico: palacios, termas y una villa romana

Uno de los primeros impactos llega en forma de arquitectura civil. En el entramado urbano de Antequera, destacan palacios como el de Nájera actual sede del Museo de la Ciudad. También, el de los Marqueses de la Peña, con rasgos mudéjares y renacentistas, o el del Marqués de Villadarías, de estética barroca.

Dado lo anterior, la sorpresa es que la ciudad también guarda un capítulo romano muy visible. En el centro pueden visitarse termas que funcionaron desde la segunda mitad del siglo I d.C. hasta bien entrado el siglo V, con espacios destinados a baños fríos, templados y calientes.

Y si el paseo pide un “extra”, ahí aparece la Villa de la Estación: un elegante conjunto de más de 20.000 m², del que solo se ha excavado en torno a un 20%, situado al noroeste del núcleo urbano.

La reacción del viajero: miradores, puertas y la alcazaba al atardecer

A medida que se gana altura, la ciudad cambia de tono. Vigilando la villa se alza uno de los recintos fortificados más destacados de Al‑Ándalus, una alcazaba levantada entre los siglos XI y XIII para reforzar la frontera entre el reino nazarí de Granada y los territorios cristianos.

La entrada más icónica es el Arco de los Gigantes, construido en 1585 como arco triunfal renacentista. Ya dentro, la Torre del Homenaje, conocida como de Papabellotas, de los siglos XIV‑XV, destaca por su porte, rematado en 1582 con un templete campanario para alojar la campana mayor.

En ese recorrido, también merece la pena fijarse en antiguas puertas de acceso como las de Estepa y Granada. En la de Málaga, declarada Monumento Nacional y considerada una de las expresiones más características del arte musulmán en la ciudad.

La trascendencia de su Patrimonio Mundial y del Torcal para el turismo

La dimensión más singular de esta escapada llega con el Sitio de los Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio de la Humanidad y formado por cinco monumentos. Tres son culturales: el tholos de Romeral y los dólmenes de Viera y Menga. Este último, con unos 6.000 años de antigüedad, impresiona por sus proporciones: se estima que una de sus losas de cubierta alcanza las 180 toneladas.

Los otros dos hitos del conjunto son naturales: el Parque Natural Torcal de Antequera y la Peña de los Enamorados. El Torcal, con su paisaje kárstico de calizas formadas en el fondo marino durante el Jurásico (hace aproximadamente 150 millones de años), se presta a rutas para todos los ritmos: la Verde (circular, 1,5 km y baja dificultad), la Amarilla (3 km, dificultad media) y la Naranja (lineal, con ascenso más pronunciado).

Además, el Centro de Visitantes Torcal Alto suma observatorio astronómico, área interpretativa y punto de información. Mientras, el Mirador de las Ventanillas regala panorámicas sobre la comarca del río Campanillas, Málaga e incluso el continente africano en días despejados. Una forma excelente de cerrar la visita: con aire frío en la cara y la sensación de haber recorrido, literalmente, miles de años en dos jornadas.

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