Insulta a su jefe varias veces, le despiden y acaba cobrando más de 20.000 euros

El abogado laboralista Juanma Lorente expuso un caso en el que un despido disciplinario terminó en indemnización para el trabajador.

Un trabajador que profirió insultos en cuatro ocasiones a su superior fue despedido por su empresa, pero la demanda acabó siendo favorable para él. Tal y como relató Juanma Lorente, el retraso en la comunicación del despido resultó determinante en el desenlace judicial, un aspecto fundamental para lograr una mayor indemnización.

El caso de los insultos al jefe y el inicio del despido disciplinario

Los hechos se produjeron cuando el empleado decidió enfrentarse verbalmente a su responsable directo. De acuerdo con el letrado, la empresa interpretó esas expresiones como ofensivas y las encuadró como una falta grave.

Lorente señaló que las palabras utilizadas fueron descritas como “borderías”, algo que en el ámbito laboral suele activar sanciones disciplinarias. Ante lo ocurrido, la compañía inició el procedimiento para extinguir la relación laboral y presentó la correspondiente carta de despido basándose en las ofensas.

El error en la comunicación del despido que terminó pesando en el juicio

Sin embargo, la gestión de los tiempos fue el punto que cambió el rumbo del caso. Según la explicación de Lorente, la empresa dejó pasar más de dos meses, entre el momento de los insultos y la comunicación efectiva del despido.

Esa demora fue esencial en el procedimiento judicial posterior. En este sentido, el abogado recordó que la legislación laboral exige que las sanciones y los despidos disciplinarios se notifiquen en un plazo razonablemente breve desde que la empresa conoce los hechos.

Despido improcedente tras superar los 60 días y una indemnización superior a 20.000 euros

Lorente subrayó que, cuando se supera ese periodo, la empresa pierde fuerza para sostener la procedencia de la medida. En el caso expuesto, esa dilación provocó que la carta de despido se impugnara con éxito y que el despido terminara considerándose improcedente.

El profesional lo resumió así: “Si dejas pasar más de sesenta días desde que el trabajador comete una infracción hasta que lo despides, estos hechos ya no serán suficientes para despedirlo y el despido será improcedente”. Por este motivo, la resolución obligó a la empresa a abonar una indemnización de más de veinte mil euros, pese a que “realmente había insultado a su jefe”.

¿Qué enseña este caso sobre la carta de despido y los plazos legales?

Más allá del resultado, Lorente insistió en la importancia de revisar con detalle los términos y, sobre todo, los tiempos de entrega de cualquier carta de despido. A su juicio, un análisis cuidadoso puede sacar a la luz errores de procedimiento por parte de las empresas.

En la práctica, esto implica que, incluso cuando existe una conducta sancionable, como los insultos, la capacidad de la compañía para sostener el despido puede verse limitada por un defecto formal. Dado lo anterior, el abogado animó a quienes reciban una comunicación de despido a consultarla con un profesional especializado para comprobar si el procedimiento se ajustó correctamente.

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