El especialista recuerda que estar sano no es solo “no estar enfermo” y señala qué síntomas conviene identificar. Además, advierte de señales silenciosas que no deberíamos normalizar, especialmente a partir de los 30-35 años.
Cuando hablamos de salud, lo habitual es fijarnos en lo que va mal: qué duele, qué cambia o qué síntomas deberían llevarnos al médico. Sin embargo, no siempre nos paramos a pensar en lo contrario: qué señales indican que el cuerpo está funcionando bien. En esta línea, el especialista Dan Buettner ya alertó sobre hábitos que pueden restar años de vida.
En este sentido, el médico Jesús Esquide, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid y experto universitario en Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, insiste en que “tener buena salud no es solo no estar enfermo”. Para él, significa que el organismo funciona de forma eficiente y equilibrada, con energía estable y capacidad de recuperación.
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Tener buena salud no es solo evitar enfermedades: qué significa realmente
Según Esquide, la buena salud se sostiene en un equilibrio físico, mental y metabólico. Es decir, no se trata únicamente de “no tener un diagnóstico”, sino de que el cuerpo sea capaz de adaptarse al estrés, recuperarse bien y prevenir problemas antes de que aparezcan signos claros.
Por este motivo, muchas veces la primera pista no llega en forma de dolor intenso o un síntoma evidente, sino de pequeñas señales que se repiten y se van normalizando en el día a día.
Por qué a partir de los 30-35 años aparecen señales silenciosas
El experto pone el foco en una franja concreta: desde los 30-35 años. En esa etapa, explica, pueden empezar a aparecer “los primeros desequilibrios”, aunque con frecuencia pasan desapercibidos.
La razón, apunta, es que comienzan cambios hormonales, metabólicos y musculares. Y si se mantienen hábitos poco saludables: mal descanso, estrés crónico, sedentarismo o una alimentación desequilibrada, el cuerpo va perdiendo capacidad de compensación. Con el tiempo, esto puede traducirse en un empeoramiento general y, finalmente, en enfermedad.
Sueño, alimentación, ejercicio y estrés: los pilares del estilo de vida
Entre todos los factores que influyen en la salud, Esquide destaca que muchos dependen del estilo de vida. En su análisis, importan el sueño, la alimentación, la actividad física y la gestión del estrés, pero también la genética, el entorno emocional, los hábitos tóxicos, la calidad de las relaciones sociales y el acceso a la prevención médica.
Aun así, subraya que el estilo de vida es el factor más determinante, porque influye incluso en cómo se expresan nuestros genes. Dormir bien, moverse y comer adecuadamente, explica, tiene impacto directo en la inflamación, el envejecimiento celular y el riesgo de enfermedad crónica.
Estas 6 señales de mala salud se repiten y conviene no normalizar
El especialista recomienda prestar atención a 6 síntomas que a menudo se dejan pasar por “ritmo de vida” o “temporadas”. Entre ellos, señala:
- Cansancio persistente
- Sueño no reparador
- Cambios de peso sin causa clara
- Problemas digestivos frecuentes
- Niebla mental
- Dolores musculares recurrentes
Dado lo anterior, su advertencia es clara: si estos signos se mantienen más de 2-3 semanas o interfieren con la vida diaria, lo aconsejable es consultar para una evaluación preventiva.
Ocho síntomas de buena salud que se notan en el día a día
Entonces, ¿cómo reconocer que estamos en el buen camino? Esquide enumera 8 señales positivas que reflejan equilibrio hormonal, buena función metabólica, baja inflamación y capacidad de recuperación. Estas son:
- Energía estable durante el día.
- Sueño reparador.
- Buena concentración.
- Digestiones cómodas.
- Estado de ánimo estable.
- Fuerza y movilidad adecuadas.
- Buena respuesta inmunitaria.
- Buena capacidad de recuperación tras esfuerzo o estrés.
En la práctica, son síntomas que se ven en lo cotidiano: rendir sin altibajos, descansar de verdad y afrontar el día con claridad mental.
Dormir bien, moverse a diario y entrenar fuerza: claves para mejorar
Para reforzar esa base, el experto resume varios hábitos prioritarios: dormir bien, moverse a diario, entrenar fuerza, alimentarse de forma consciente, gestionar el estrés, cuidar los vínculos sociales y apostar por la prevención médica.
En definitiva, más allá de perseguir “no ponerse malo”, la propuesta es sencilla: aprender a escuchar al cuerpo cuando funciona bien y reaccionar a tiempo cuando empiezan los pequeños avisos. Síguenos para conocer más noticias relacionadas con salud y estilo de vida.

