Una ola de frío no es “el frío de siempre” del invierno: implica una bajada brusca de temperaturas que puede afectar a tus defensas, al sistema respiratorio y al corazón. Estar preparado y ajustar pequeños gestos diarios es clave para reducir riesgos.
El último episodio de frío intenso vivido en España ha vuelto a poner el foco en cómo responde el organismo cuando el termómetro cae muy por debajo de lo habitual. Aunque sentir frío es lo más evidente, la exposición a bajas temperaturas puede tener consecuencias menos visibles y, en algunos casos, más serias. Por este motivo, conviene anticiparse con medidas sencillas, tanto en la calle como en casa.
Las olas de frío ponen a prueba a nuestro cuerpo afectando a tu salud
En invierno todo el mundo espera temperaturas bajas, pero una ola de frío va un paso más allá. No se trata solo de abrigarse un poco más, sino de un descenso acusado que cambia nuestras rutinas y pone a prueba el cuerpo, especialmente cuando el contraste es repentino. Esto es especialmente relevante en personas mayores, para quienes mantener la actividad física adecuada va más allá de simplemente salir a caminar, como recuerdan los especialistas, para favorecer su salud.
Por consiguiente, seguir la previsión meteorológica y planificar el día ayuda a evitar exposiciones innecesarias. No es lo mismo hacer recados a primera hora, cuando el aire corta, que hacerlo en las horas centrales, cuando el ambiente suele ser menos hostil.
Qué ocurre en el organismo cuando el termómetro se desploma varios grados
La primera reacción es clara: sentimos frío, sobre todo en las zonas que quedan a la intemperie. Sin embargo, el problema no se queda en una simple incomodidad. El frío extremo puede influir en órganos y sistemas vitales, como el corazón o el cerebro, y aumentar el riesgo de complicaciones en personas vulnerables.
Dado lo anterior, hay que extremar la precaución con niños, mayores y quienes ya tienen problemas cardiovasculares o respiratorios. El organismo, además, puede ver debilitada su respuesta inmune, lo que dificulta defenderse frente a virus y bacterias y favorece el aumento de infecciones respiratorias.
A esto se suma que el aire frío puede irritar las vías respiratorias y agravar enfermedades crónicas como la bronquitis o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). También puede intensificar síntomas de dolencias reumáticas y elevar el riesgo de episodios cardiocirculatorios, al favorecer la formación de trombos y el aumento de la presión arterial.
Medidas sencillas para salir a la calle sin pasar factura
Siempre que se pueda, lo más recomendable es evitar las horas de temperaturas más bajas y elegir las franjas centrales del día para estar al aire libre. Parece un detalle menor, pero reduce el tiempo de exposición cuando el cuerpo está más exigido.
Además, conviene proteger bien las zonas más sensibles, como manos, cuello y cara, y no alargar demasiado las estancias en el exterior. Si hay que moverse por la ciudad, el transporte público puede ser un aliado para reducir riesgos, sobre todo si no se tiene experiencia conduciendo con heladas o no se dispone de cadenas.
Un gesto que muchos pasan por alto: respirar por la nariz. De este modo, el aire entra algo más templado y húmedo a los pulmones, evitando que llegue tan frío de golpe.
Cómo mantener la vivienda caliente sin asumir riesgos por la calefacción
En casa, el objetivo es conservar una temperatura confortable sin caer en imprudencias. Cerrar puertas y ventanas y bajar persianas al anochecer ayuda a mantener el calor acumulado durante el día y evita pérdidas innecesarias.
En paralelo, hay que revisar que los sistemas de calefacción funcionen correctamente, no cubrirlos con ropa y mantener estufas y radiadores alejados de muebles o cortinas. Si algún aparato desprende olores extraños al enchufarlo, lo más sensato es no usarlo hasta comprobar que está en buen estado.
Por seguridad, se recomienda apagar las estufas durante la noche para prevenir intoxicaciones. En su lugar, es preferible recurrir a mantas o a una calefacción segura y bien mantenida.
La trascendencia de cuidar hábitos y alimentación cuando llega el frío intenso
Lo que comemos y bebemos también influye. Se aconseja evitar el alcohol, ya que favorece la pérdida de calor corporal. En cambio, un aporte suficiente de grasas y carbohidratos puede ayudar a mantener la energía, y los caldos son una buena opción para hidratarse y entrar en calor a la vez.
En definitiva, las olas de frío obligan a mirar el invierno con otros ojos: no solo abrigo, sino prevención. Mantenerse informado, ajustar horarios y reforzar hábitos cotidianos puede marcar la diferencia para atravesar estos episodios con más bienestar y menos sustos. Permanece informado de más noticias relacionadas con tu salud y estilo de vida.