Un ensayo clínico desmonta los supuestos beneficios del ayuno intermitente

Una revisión de ensayos clínicos con seguimiento de hasta doce meses concluye que este método no ofrece ventajas relevantes frente a la reducción calórica tradicional. El foco, una vez más, estaría en cuánto se come, no en cuántas horas se deja de comer.

En un mundo en el que 2.500 millones de personas viven con sobrepeso (OMS, 2022), cualquier propuesta que prometa resultados rápidos tiende a convertirse en tendencia. En la última década, pocas dietas han sido tan populares como el ayuno intermitente. Un plan que se presenta como alternativa a la dieta clásica y que plantea pasar 14 o 16 horas seguidas sin ingerir alimentos cada día.

Ayuno intermitente: una dieta de moda impulsada por redes y celebridades

El atractivo del ayuno intermitente ha sido fácil de entender: no exige contar calorías de forma constante y se presenta como una “regla simple”: comer dentro de una ventana horaria y ayunar el resto, que encaja bien en rutinas laborales y en mensajes breves de redes sociales.

A este empuje se sumó la sensación de respaldo científico. Diversos estudios apuntaron que el modelo podía ayudar a perder grasa y reducir la inflamación. Incluso se mencionaron trabajos de investigadores del King’s College de Londres que lo relacionaban con una disminución del riesgo de algunos tipos de cáncer. Fuera del laboratorio, figuras internacionales como LeBron James o Jennifer López también lo promovieron, alimentando su imagen de método eficaz.

Los detalles del análisis que compara ayuno intermitente y restricción calórica

Sin embargo, una reciente revisión en Cochrane Library se propuso mirar la evidencia con una pregunta muy concreta: ¿funciona mejor que los enfoques tradicionales cuando se analiza el resultado a medio plazo?

Para responder, los autores reunieron 22 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 1.995 participantes de Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica. La muestra no solo fue diversa por procedencia, sino también por la forma de aplicar el ayuno: en días alternos, de manera periódica o con distintos intervalos de tiempo.

El punto clave fue el seguimiento: hasta doce meses. No se trataba de comprobar cambios rápidos de pocas semanas, sino de valorar si, pasado un año, el método marcaba una diferencia real frente a los consejos dietéticos habituales y la reducción calórica convencional.

La reacción científica ante resultados que frenan el entusiasmo en redes sociales

La conclusión fue clara: no hubo diferencias clínicamente significativas en comparación con los enfoques tradicionales. En otras palabras, pasar muchas horas sin comer no aportó beneficios adicionales ni aceleró la pérdida de peso a largo plazo.

“El ayuno intermitente simplemente no parece funcionar para adultos con sobrepeso u obesidad que intentan perder peso”, afirmó Luis Garegnani, autor principal de la revisión desde el Centro Cochrane Asociado del Hospital Italiano de Buenos Aires. Y añadió un matiz que toca de lleno la conversación pública: “Podría ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales”.

Los autores insisten, además, en una idea práctica: los profesionales sanitarios deberían adoptar un enfoque individualizado. Es decir, no se trata de “prohibir” el método, sino de ajustar recomendaciones a cada persona, su salud y su adherencia.

La trascendencia para hábitos saludables: menos magia y más constancia diaria

El mensaje de fondo apunta a una realidad menos espectacular, pero más útil: lo que verdaderamente influye es la restricción de la ingesta calórica. Por este motivo, las estrategias que ayudan a sostener esa reducción en el tiempo, sea con horarios, porciones o planificación, son las que terminan pesando más que el formato elegido.

Dado lo anterior, la revisión también llama a la prudencia: algunas muestras resultaron inconsistentes y hacen falta más investigaciones, especialmente en poblaciones de países de ingresos bajos y medios, donde la obesidad y los hábitos pueden comportarse de forma diferente a los entornos de ingresos altos.

Más allá del peso, los autores plantean futuras líneas de estudio sobre satisfacción de los participantes, estado de diabetes y medidas generales de comorbilidades. En definitiva, el debate se desplaza del “método de moda” a lo que de verdad importa en el estilo de vida: estrategias realistas, sostenibles y adaptadas a cada persona. Consulta otros temas relacionados con salud y estilo de vida.

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