Adoptar una alimentación más saludable en la mediana edad se asocia con una mayor esperanza de vida. El efecto, además, se observa incluso en personas con distinta predisposición genética a vivir más o menos años.
Mejorar la dieta a los 45 años puede traducirse en entre dos y tres años más de vida en hombres y entre 1,5 y 2,3 años en mujeres, según un estudio elaborado con datos de más de 103.000 personas de Reino Unido. La investigación, publicada en Science Advances, refuerza una idea que ya estaba sobre la mesa: comer mejor importa, y mucho, para reducir el riesgo de muerte prematura y, por tanto, aumentar la longevidad con calidad de vida.
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Qué revela el estudio sobre dieta, genética y riesgo de muerte prematura
El trabajo analiza información dietética y genética de más de 100.000 participantes del UK Biobank a lo largo de unos diez años. La pregunta de fondo era clara: ¿puede la alimentación compensar, al menos en parte, una peor predisposición genética hacia la longevidad? Los resultados apuntan a que sí ayuda, y no poco.
Los investigadores observaron que quienes seguían patrones de alimentación saludables tenían un menor riesgo de morir antes de tiempo, con independencia de si sus genes estaban más o menos asociados a una vida larga. En el caso de los hombres, el mayor beneficio se detectó en quienes seguían una dieta de reducción del riesgo de diabetes. En mujeres, destacó un patrón similar a la dieta mediterránea. Estos son los mensajes principales del estudio:
- Seguir una dieta saludable a los 45 años se asocia con una ganancia de esperanza de vida relevante.
- No hace falta alcanzar una alimentación perfecta para notar beneficios.
- Incluso a edades avanzadas, mejorar los hábitos alimentarios sigue siendo útil.
En otras palabras, no se trata solo de vivir más, sino de reducir el riesgo de morir prematuramente. Y ahí la alimentación vuelve a aparecer como una pieza clave.
Por qué la dieta mediterránea sigue ganando peso en los estudios
Uno de los aspectos más llamativos del análisis es que vuelve a situar a las dietas ricas en alimentos vegetales entre las opciones más beneficiosas. Frutas, verduras, cereales integrales y proteínas de origen vegetal aparecen como pilares de los patrones con mejores resultados. Por el contrario, se recomienda minimizar bebidas azucaradas y productos con exceso de azúcar o sal. Vamos, lo que muchas guías ya repiten desde hace años. Para entender mejor el alcance de los datos, este es un resumen sencillo:
| Edad y cambio alimentario | Posible beneficio observado |
|---|---|
| Mejorar la dieta a los 45 años en hombres | Entre 2 y 3 años más de vida |
| Mejorar la dieta a los 45 años en mujeres | Entre 1,5 y 2,3 años más de vida |
| Seguir una dieta óptima a los 80 años | Hasta 2 años más en hombres y hasta 1 en mujeres |
Eso sí, el estudio que ha publicado Science Advances no es experimental y no supone una revolución científica. Más bien consolida conocimientos previos con una muestra amplia y datos de calidad. ¿La gran ventaja? Que traduce el beneficio en algo que cualquiera entiende: años de vida ganados. El siguiente reto será medir cuántos de esos años extra se viven con buena salud. Porque no solo importa llegar más lejos, sino hacerlo en mejores condiciones.
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