Una especialista defiende una alimentación basada en proteínas de calidad, frutas acuosas y verduras con sabor amargo, siempre acompañada de sueño, ejercicio y horarios regulares.
Paula Fernández, nutricionista diplomada por la Universidad de Navarra y especializada en nutrición deportiva, considera que la dieta antiinflamatoria despierta cada vez más interés, especialmente entre personas con molestias digestivas o que buscan cuidarse mejor con el paso de los años. Sin embargo, lanza un mensaje claro: no existen fórmulas mágicas y, aunque la investigación sigue abierta, sí hay hábitos diarios que pueden marcar la diferencia. En este sentido, conceptos relacionados como la autofagia y sus beneficios también están ganando protagonismo en el ámbito de la salud.
Con 20 años de experiencia y varios postgrados en Dietoterapia y Composición de los Alimentos, la dietista insiste en que el enfoque debe ser práctico y realista. Más allá de modas o etiquetas, sostiene que determinadas rutinas de vida y una alimentación equilibrada son la verdadera base de este patrón nutricional.
La dieta antiinflamatoria gana interés, pero no debe entenderse como una solución milagro
En los últimos años, hablar de dieta antiinflamatoria se ha vuelto habitual en consultas, redes sociales y conversaciones sobre bienestar. El concepto ha ganado terreno por su vinculación con una mejor digestión, una sensación general de ligereza y una alimentación más ordenada.
Ahora bien, Fernández rebaja las expectativas. Según explica, tanto la dieta como los llamados alimentos antiinflamatorios continúan en estudio y, por el momento, “hay poca evidencia científica”. Aun así, matiza que sí se observa que ciertos tipos de alimentación y rutinas cotidianas funcionan en muchas personas.
Por este motivo, su recomendación pasa por abandonar la idea de una dieta cerrada y centrarse en un estilo de vida constante. Dormir bien, mantener horarios estables y hacer ejercicio con regularidad forman parte, a su juicio, del mismo tratamiento nutricional.
Frutas acuosas y verduras con sabor amargo marcan la pauta alimentaria recomendada
En la parte estrictamente dietética, Paula Fernández apuesta por una alimentación rica en proteínas de alta calidad. En este grupo sitúa las carnes magras, el pescado y los huevos, siempre acompañados de verduras, hortalizas y fruta. “Es la base de una buena alimentación”, resume.
Entre las frutas, pone el acento en las más acuosas, como la sandía y el melón. Ambas destacan por su elevado contenido en agua, además de aportar vitaminas y otros nutrientes. La especialista sostiene que, dentro de este enfoque, cuanto más acuosa sea la fruta, mejor encaja en la pauta planteada.
En el caso de las verduras, recomienda especialmente aquellas con cierto sabor amargo. Es el caso de los espárragos, las alcachofas, la endivia o la berenjena, alimentos que además comparten un buen contenido en agua y encajan bien en menús ligeros y frescos.
Proteínas de calidad, hidratos integrales y hábitos diarios completan el enfoque
Fernández también detalla algunas de las propiedades nutricionales de estas verduras. El espárrago, por ejemplo, contiene mucha agua y es fuente de vitamina C. La alcachofa, por su parte, aporta hidratos de carbono, entre ellos inulina y fibra, además de minerales como potasio y fósforo, según la FEN (Fundación Española de la Nutrición).
La endivia ocupa igualmente un lugar destacado. Se trata de un alimento con bajo contenido energético y con presencia de inulina, un oligosacárido al que se atribuye acción prebiótica. La FEN también destaca que es fuente de folatos y vitamina A, nutrientes relacionados con la formación normal de células sanguíneas, el sistema inmunitario y el mantenimiento de la piel y la visión.
Dado lo anterior, la nutricionista concluye que una dieta antiinflamatoria equilibrada debería construirse sobre una base de frutas y verduras de este perfil, acompañadas de una buena cantidad de proteína. En cuanto a los hidratos de carbono, no los demoniza, pero sí recomienda priorizar los complejos. Arroces y pastas pueden formar parte de una alimentación saludable, explica, aunque recuerda que “ni tienen efecto antiinflamatorio, ni lo contrario”, por lo que aconseja escogerlos, siempre que sea posible, en su versión integral.
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