La OCDE advierte que el ejercicio y las dietas sanas también benefician al planeta

Un informe del organismo internacional concluye que el ejercicio físico, las dietas saludables y la prevención sanitaria pueden reducir emisiones mientras mejoran la calidad de vida de la población.

Hacer más ejercicio, mantener una alimentación equilibrada y reforzar la prevención no solo tiene efectos positivos sobre la salud individual. También puede convertirse en una herramienta útil para reducir el impacto climático. Así lo recoge la OCDE en su informe Decarbonising Health Systems Across OECD Countries, en el que analiza por primera vez de forma detallada la huella de carbono de los sistemas sanitarios y plantea cambios que afectan de lleno a los hábitos de vida.

Al hilo de este asunto, los especialistas también advierten sobre ciertas tendencias vinculadas a la nutrición en internet, y alertan del auge de suplementos dietéticos en redes sociales y su repercusión en la salud y la calidad de vida.

Volviendo al caso que nos ocupa, los datos objetivos son contundentes. Los sistemas sanitarios de los países de la OCDE representan aproximadamente el 4,4% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Solo en 2018, el consumo de bienes y servicios sanitarios generó cerca de 963 millones de toneladas de CO₂ equivalente, una cifra superior a la de algunos países industrializados.

La prevención en salud se perfila como una herramienta clave contra el cambio climático

El informe parte de una idea central: los sistemas de salud tienen una función paradójica. Su misión es proteger a la población, pero al mismo tiempo contribuyen al calentamiento global, uno de los principales riesgos sanitarios de las próximas décadas.

Por este motivo, la OCDE considera que descarbonizar la sanidad debe convertirse en una prioridad. Y dentro de esa estrategia, la prevención gana un peso especial. Reducir factores de riesgo como el sedentarismo, las dietas poco saludables o la dependencia del coche no solo ayuda a frenar enfermedades crónicas, sino que también disminuye patrones de consumo intensivos en emisiones.

En este sentido, el organismo subraya que avanzar hacia dietas más sanas, con mayor presencia de alimentos de origen vegetal, tendría un doble efecto. Por un lado, rebajaría la presión sobre los sistemas alimentarios. Por otro, podría evitar hasta 304 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año y prevenir alrededor de 27.000 muertes prematuras por cáncer en los países de la organización.

España destaca entre los países con mejores resultados sanitarios y menos emisiones

La OCDE también pone el foco en las diferencias entre países. De media, la atención sanitaria genera unos 523 kilogramos de CO₂ equivalente por persona al año, aunque la cifra varía según el gasto sanitario, la organización del sistema, el uso de tecnología médica o la eficiencia energética de los centros.

Dentro de ese escenario, España aparece bien posicionada. El informe sitúa al país entre los sistemas que logran una esperanza de vida superior a la media de la OCDE con emisiones sanitarias por habitante inferiores al promedio.

Dado lo anterior, el estudio sostiene que sí es posible combinar buenos resultados asistenciales con un menor impacto ambiental. La eficiencia del sistema y una mayor orientación hacia la prevención aparecen como dos de las claves para lograrlo.

Los hospitales y la cadena de suministro concentran buena parte del problema

Uno de los principales focos de emisiones está en los hospitales. Cerca del 30% de la huella climática del sector sanitario procede de estos centros, sobre todo por el elevado consumo energético, el uso intensivo de equipamiento y la complejidad de la atención hospitalaria.

La OCDE apunta varias vías de mejora: edificios más eficientes, electrificación de la climatización, incorporación de energías renovables y una reorganización asistencial que reduzca ingresos evitables y estancias innecesarias. De hecho, estima que recortar hospitalizaciones prescindibles y acortar la duración media de los ingresos podría reducir hasta un 25% de las emisiones hospitalarias.

Sin embargo, el mayor peso no está dentro de los hospitales, sino fuera. Casi el 79% de las emisiones sanitarias proviene de la cadena de suministro, es decir, de la producción, transporte y eliminación de medicamentos, dispositivos médicos, equipos y materiales de un solo uso.

El cambio en hábitos de vida y consumo marcará la sanidad del futuro

El informe advierte además de que muchos países todavía carecen de datos detallados y de estrategias específicas para abordar esta transformación. Aun así, insiste en que muchas de las medidas necesarias coinciden con reformas que ya buscan una sanidad más eficiente y de mayor calidad.

Entre ellas figuran la reducción de intervenciones de bajo valor, una mejor coordinación asistencial y el refuerzo de la atención primaria. A ello se suma la posibilidad de sustituir algunos productos sanitarios por alternativas menos contaminantes, como ocurre con ciertos gases anestésicos o con algunos inhaladores.

La conclusión de la OCDE es clara: apostar por hábitos saludables no solo mejora el bienestar diario, también puede tener un efecto directo sobre el clima. En un contexto marcado por el envejecimiento, la cronicidad y la emergencia ambiental, el estilo de vida se consolida como una pieza central para cuidar al mismo tiempo de las personas y del planeta.

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