El chef vasco ha desvelado un de los secretos de su receta más celebrada: unas torrijas jugosas, que se encuentran más allá de la versión tradicional.
Con la Semana Santa cada vez más cerca, las torrijas vuelven a situarse entre los dulces más buscados en muchos hogares españoles. En ese contexto, Martín Berasategui ha compartido una receta que va un paso más allá de la versión tradicional y que pone el foco en un gesto muy concreto: el tiempo de reposo del pan para conseguir una textura mucho más tierna, melosa y llena de sabor. Además, la elección del pan resulta esencial para obtener la mejor versión de este emblema de la repostería tradicional en estas fechas del año.
El cocinero vasco explicó esta elaboración en un episodio de Robin Food, donde detalló su receta de torrijas con crema de almendras. Allí dejó claro que, aunque se trata de un postre popular y aparentemente sencillo, el resultado final depende de varios pequeños matices que marcan la diferencia en la cocina.
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El consejo de Martín Berasategui que cambia por completo unas torrijas caseras
Uno de los primeros aspectos en los que insiste el chef es en la elección del pan. En su receta apuesta por un brioche de mantequilla con masa compacta, aunque también abre la puerta a utilizar un bollo suizo de buena calidad. Para él, esta base resulta fundamental, ya que condiciona la capacidad de absorción y la textura final del postre.
El gran secreto, sin embargo, llega después. Berasategui recomienda empapar el pan en una mezcla elaborada con huevo batido, nata y leche, y dejarlo reposar “durante ocho, diez o doce horas”. Ese tiempo permite que el interior quede bien impregnado y que la torrija gane cremosidad sin perder estructura.
A ello suma otro detalle importante: la cocción debe hacerse despacio. Según explica, las torrijas tienen que caramelizar y tostarse lentamente en la sartén para evitar un sabor amargo. “La cocina es paciencia y la pastelería también”, remarca durante la preparación.
La receta de torrijas con crema de almendras y chantilly de pomelo
La elaboración comienza cortando el pan brioche, retirando los bordes exteriores y dividiendo los trozos por la mitad. Después, se bañan en la mezcla de huevo, nata y leche y se dejan reposar durante varias horas hasta que absorban bien el líquido.
Mientras tanto, se prepara la crema de almendras. Para ello, hay que mezclar crema pastelera con mantequilla pomada, añadir un huevo entero y, después, incorporar almendra en polvo y azúcar glass con movimientos envolventes. El toque final lo pone el ron, que ayuda a redondear el sabor antes de enfriar la mezcla en el frigorífico.
Una vez escurridas, las torrijas se pasan por azúcar y se doran con un poco de mantequilla en una sartén antiadherente. La presentación se completa con una fina capa de crema de almendras caramelizada por encima y una cucharada de chantilly de pomelo al lado, elaborado con nata semimontada y pomelo confitado.
Por qué el huevo también aporta valor nutricional a este postre tradicional
Más allá de su papel en la textura de la receta, el huevo también aporta propiedades nutricionales destacadas. Según los datos incluidos en la información compartida, este alimento contiene proteínas que contribuyen al mantenimiento de la masa muscular y ayudan a aumentar la sensación de saciedad.
Además, se le atribuye presencia de antioxidantes como la luteína y la zeaxantina, junto con vitamina A, nutrientes relacionados con la salud visual. También contiene ácido fólico, un componente especialmente valorado en determinadas etapas de la vida.
De acuerdo con la Fundación Española de Nutrición, por cada 100 gramos de porción comestible el huevo aporta 150 kilocalorías, 12,5 gramos de proteínas, 130 miligramos de potasio, 12 miligramos de magnesio y 200 miligramos de fósforo. Un perfil que refuerza su presencia en muchas recetas de la repostería más clásica.
Una propuesta de alta cocina que revaloriza un clásico de siempre
La receta de Berasategui confirma que las torrijas siguen teniendo un enorme tirón cada vez que se acercan estas fechas. Su versión mantiene la esencia del dulce tradicional, pero incorpora técnicas y matices que elevan el resultado sin alejarlo del recetario popular.
En este sentido, el mensaje del chef es claro: no hace falta reinventar por completo un clásico para sorprender. A veces basta con escoger bien los ingredientes, respetar los tiempos y cocinar con calma para transformar un postre de toda la vida en una propuesta mucho más especial.
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