El médico Manuel Viso alerta del error con las latas que muchos cometen y perjudica la salud

Guardar una lata abierta en la nevera parece un gesto inofensivo, pero puede alterar el alimento y favorecer reacciones no deseadas. El médico Manuel Viso advierte de que esta práctica, muy extendida en casa, no es la forma más segura de conservar las sobras.

Las latas de conserva forman parte de la rutina en muchos hogares por su comodidad y por la facilidad con la que permiten resolver una comida o una cena en pocos minutos. Atún, sardinas, mejillones, aceitunas o maíz suelen consumirse a medias, y en esos casos lo habitual es dejar el producto en la propia lata. Sin embargo, ese gesto cotidiano puede convertirse en un error más importante de lo que parece, especialmente si no se siguen pautas básicas de conservación a la hora de ordenar el frigorífico.

Y es que, según explica el médico Manuel Viso, conservar el alimento en el envase una vez abierto puede perjudicar su calidad y, en algunos casos, suponer un riesgo innecesario, aunque se meta en la nevera. El motivo está en que, tras abrir la lata, el recubrimiento interior entra en contacto con el oxígeno y puede producirse una reacción entre el metal y el alimento.

Guardar una lata abierta en la nevera puede alterar el alimento y su calidad

El especialista insiste en que el principal problema aparece cuando el contenido permanece en contacto con el metal durante horas o incluso días. Esa exposición, sumada a la humedad y al aire, puede modificar las propiedades del producto y hacer que pierda parte de sus cualidades.

“Cuando una lata se abre, su recubrimiento interior queda expuesto al oxígeno. Este contacto puede provocar reacciones químicas entre el metal y el alimento que contiene”, advierte Viso. En este sentido, el riesgo no se limita únicamente al sabor, sino también a la posible transferencia de pequeñas cantidades de metal al contenido.

Por este motivo, una práctica que muchas personas consideran normal no resulta recomendable desde el punto de vista de la conservación. Los envases están diseñados para proteger el alimento mientras permanecen cerrados, pero dejan de ofrecer esa misma seguridad cuando se rompen el sellado y las condiciones originales.

El contacto con el oxígeno acelera la oxidación y empeora la conservación doméstica

Una vez abierta, la conserva queda más expuesta a procesos de oxidación y degradación. Esto es especialmente relevante en productos con líquidos, salmuera o componentes ácidos, ya que pueden reaccionar con mayor facilidad al nuevo entorno.

Viso resume así las posibles consecuencias: “Esto puede tener varias consecuencias: alterar el sabor del producto o, en algunos casos, facilitar el paso de pequeñas cantidades de metal en el alimento”. Dado lo anterior, la recomendación es no prolongar el almacenamiento en el recipiente original bajo ningún concepto.

Se trata, además, de un hábito tan asentado en la cocina diaria que muchas veces pasa desapercibido. Precisamente por eso, el experto subraya la importancia de revisar ciertas rutinas domésticas que parecen prácticas, pero que no siempre son las más adecuadas para manipular alimentos con seguridad.

La forma correcta de conservar las sobras de una conserva en casa

La alternativa más segura es sencilla. Cuando sobra parte del contenido, lo aconsejable es traspasarlo a un recipiente hermético, preferiblemente de vidrio, antes de guardarlo en el frigorífico. De esta manera, se evita el contacto directo con el metal y se mantiene mejor tanto el sabor como la calidad del producto.

Tal y como informa el Manuel Viso en su perfil de TikTok: “La alternativa recomendada es sencilla: traspasar el contenido sobrante a un recipiente hermético, preferiblemente de vidrio, y guardarlo en el frigorífico”, señala el médico. Además, conviene comprobar siempre la fecha de consumo preferente y no ingerir nunca el contenido si la lata está hinchada, oxidada o presenta golpes importantes.

En caso de congelar el alimento, la recomendación es la misma. La lata no debe introducirse en el congelador, ya que el líquido puede expandirse con el frío, deformar el envase e incluso romperlo. Lo adecuado es usar una bolsa de congelación o un recipiente apto.

Adoptar estas pautas no solo mejora la conservación de los alimentos, sino que también reduce riesgos innecesarios en la cocina. Como concluye Viso, incorporar pequeños cambios en la rutina puede marcar la diferencia en la seguridad alimentaria del día a día. Síguenos para más noticias sobre salud y estilo de vida.

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