Un médico alerta de que no solo la alimentación influye en la glucosa en sangre. El descanso, el ejercicio, algunas enfermedades y los cambios hormonales también pueden provocar picos, aunque no siempre suponen un problema.
El azúcar en sangre, también conocido como glucosa, es la principal fuente de energía del organismo. Aunque suele relacionarse de forma directa con lo que se come, lo cierto es que hay otros factores cotidianos que también pueden alterar sus niveles. Así lo explica el médico Khan, que recuerda que no todos los repuntes son negativos y que el contexto resulta clave para entenderlos.
En este sentido, el especialista pone el foco en varias situaciones habituales que pueden hacer que la glucosa aumente incluso sin haber ingerido alimentos. Algunas están relacionadas con el estilo de vida, como el sueño o el ejercicio, y otras con procesos naturales del cuerpo, como las infecciones o los cambios hormonales. En cuestiones de salud y alimentación, los expertos también advierten del peligro de seguir modas poco fiables, como es el caso de los riesgos de las dietas milagro.
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Dormir mal o descansar poco puede alterar la forma en que actúa la insulina
Uno de los factores que más influye en la glucosa es la falta de sueño. Cuando el descanso no es suficiente, el cuerpo responde peor a la insulina, la hormona encargada de ayudar a que la glucosa entre en las células para convertirse en energía.
Eso provoca que el azúcar permanezca más tiempo en la sangre. Además, el médico advierte de que, mantenido en el tiempo, dormir mal podría aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, una enfermedad cada vez más ligada a los hábitos de vida.
Por este motivo, cuidar el descanso no solo mejora la concentración o el estado de ánimo, sino que también tiene un impacto directo en la salud metabólica.
El ejercicio intenso también puede elevar la glucosa de forma puntual
Aunque pueda parecer contradictorio, hacer deporte no siempre baja el azúcar de inmediato. Khan explica que ciertos tipos de ejercicio, sobre todo los intensos o de resistencia, pueden elevar temporalmente los niveles de glucosa en sangre.
La razón es sencilla: el cuerpo libera glucosa para usarla como combustible durante el esfuerzo. Es una reacción normal y, según subraya el médico, no debe interpretarse automáticamente como algo malo.
De hecho, a largo plazo ocurre justo lo contrario. La práctica regular de actividad física mejora la sensibilidad a la insulina y favorece un mejor control de la glucosa, por lo que estos picos puntuales no suelen ser preocupantes en personas sanas.
Las infecciones, los virus y otras enfermedades también disparan la respuesta del cuerpo
Otro de los escenarios en los que el azúcar puede subir sin relación con la comida es durante una infección o una enfermedad. Cuando el organismo combate un virus o cualquier otro proceso, el sistema inmunológico necesita más energía y recurre a un aumento de glucosa para sostener esa respuesta.
Según el especialista, esta situación es especialmente visible en personas con diabetes, que suelen notar niveles más altos de azúcar cuando están enfermas. En esos casos, incluso puede ser necesario ajustar la medicación siguiendo siempre la pauta médica.
Dado lo anterior, estos cambios no deben verse como una anomalía aislada, sino como parte del mecanismo de defensa del cuerpo frente a una agresión externa.
La menstruación y la menopausia influyen más de lo que muchas mujeres creen
Khan también pone el foco en las hormonas, especialmente en el caso de las mujeres. Durante la segunda mitad del ciclo menstrual, en la llamada fase lútea, aumentan los niveles de progesterona, lo que puede hacer que las células respondan peor a la insulina.
Algo parecido sucede en la perimenopausia y la menopausia, cuando descienden los niveles de estrógeno. Esa bajada puede traducirse en una menor sensibilidad a la insulina y, en consecuencia, en picos de azúcar más frecuentes.
Por eso, mujeres de entre 40 y 50 años pueden notar síntomas como cansancio, dificultad para concentrarse o aumento de peso vinculados a estas fluctuaciones. La conclusión del médico es clara: no todos los picos de glucosa son malos, pero cuando se repiten o generan dudas, conviene consultarlo con un profesional.
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