Andalucía sitúa este parque como banco de pruebas para capturar CO₂, prevenir grandes incendios y buscar nuevos usos para sus recursos forestales.
La Junta de Andalucía ha situado al Parque Natural Los Alcornocales como uno de sus principales espacios de experimentación frente al cambio global. La iniciativa reúne proyectos sobre captura de carbono, gestión forestal, incendios, erosión y nuevos usos de la madera. El espacio, ubicado principalmente en Cádiz y extendido hacia Málaga, supera las 168.000 hectáreas según la nota oficial. El Portal Ambiental Andaluz lo describe además como el mayor alcornocal de la Península Ibérica. Su interés combina conservación, investigación y actividad económica ligada al monte.
Un bosque singular convertido en campo de pruebas frente al cambio climático
El enclave ocupa una posición singular junto al Estrecho de Gibraltar, donde confluyen los vientos de levante y poniente. Esas condiciones favorecen ambientes muy húmedos y bosques que han dado al parque el sobrenombre de “la última selva de Europa”. El territorio mantiene densas masas de alcornoques y quejigos, junto a zonas con rasgos próximos a la macaronesia. Esa diversidad explica que el parque se utilice para observar cómo responden los ecosistemas mediterráneos al calentamiento y a otros cambios ambientales. También permite estudiar fórmulas de gestión compatibles con actividades tradicionales desarrolladas durante generaciones en la considerada como última selva de Europa.
La Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente desarrolla estas actuaciones con universidades, centros de investigación y entidades europeas. Los proyectos combinan conservación con usos forestales capaces de sostener empleo y actividad local. La Junta plantea el parque como un espacio donde probar soluciones antes de trasladarlas a otros territorios. El trabajo abarca desde la fijación de carbono hasta la prevención de grandes incendios y el seguimiento de la niebla. Esa combinación científica y forestal busca mantener la biodiversidad sin desligarla de la economía rural que depende del monte.
El carbono y el corcho abren nuevas vías económicas en Los Alcornocales
Uno de los programas centrales es LIFE CO2RK, centrado en la denominada selvicultura del carbono. El proyecto busca crear un marco para compensar emisiones de CO₂ mediante actuaciones sobre montes mediterráneos dentro del Sistema Andaluz de Compensación de Emisiones. Las técnicas forestales pretenden aumentar la capacidad de fijación de carbono y mejorar el estado del alcornocal. La iniciativa también intenta movilizar inversión privada y mantener la actividad económica vinculada al descorche. En el proyecto participan socios andaluces y colaboradores de Portugal e Italia, lo que amplía su alcance más allá de la comunidad.
El relevo generacional de los trabajadores del corcho forma otra parte de la estrategia. El proyecto FUTURECORK ha permitido acreditar a más de 120 corcheros mediante pruebas de aptitud realizadas durante 2025. Durante 2026 se trabaja en un centro acreditado de formación con AMAYA, centros de FP forestal, ACOAN y la finca pública La Almoraima. La finalidad es facilitar nuevas incorporaciones y reforzar la continuidad de un oficio ligado a la economía del territorio. La formación de evaluadores permitirá además acreditar a nuevos profesionales conforme avance el programa.
Francia estudia el quejigo andaluz para adaptar sus propios bosques
La Junta también está explorando nuevos usos para el quejigo, conocido como roble andaluz. Su madera tuvo importancia histórica, pero perdió protagonismo cuando aumentó el valor económico del corcho. Durante 2025 comenzaron talleres para mejorar la gestión de los quejigales y obtener madera de mayor calidad. También se realizan ensayos con la Universidad Pablo de Olavide y un aserradero navarro para estudiar su posible utilización en barricas. El Marco de Jerez ofrece un entorno cercano donde este tipo de madera podría encontrar aplicaciones de mayor valor añadido.
El interés ha llegado hasta Francia. La región de Alsacia ha seleccionado ejemplares de Quercus canariensis procedentes de Los Alcornocales para una experiencia de adaptación forestal al cambio climático. La administración forestal francesa estudia esta especie como posible alternativa si otros robles retroceden en determinadas zonas. Durante dos campañas se han recogido bellotas en el parque para cultivarlas en viveros franceses antes de una eventual introducción en campo. La experiencia permitirá observar su comportamiento fuera del entorno andaluz antes de plantear usos forestales más amplios.
Incendios, erosión y niebla completan el laboratorio natural andaluz
Los Alcornocales se incorporó en 2026 al proyecto europeo RIVER REST, que analiza la erosión en la cuenca del río Barbate. La investigación estudia cómo el arrastre de materiales puede acelerar el aterramiento del embalse y reducir su capacidad de almacenamiento. Ese problema gana relevancia en periodos de sequía, cuando cada reserva de agua disponible adquiere mayor valor estratégico. Otro proyecto, REFLORESTA, analiza técnicas de gestión capaces de reducir la virulencia de los incendios forestales de sexta generación. El parque ofrece un mosaico de usos del suelo útil para comparar distintas medidas preventivas.
El espacio también ha sido propuesto como uno de los cinco Living Lab europeos del proyecto FARCLIMATE, impulsado por la UICN. A ello se suman estaciones meteorológicas diseñadas por la Universidad de Cádiz con medidores de niebla. También se instalan contadores de paso en senderos para conocer mejor los flujos de visitantes. Esos datos ayudarán a planificar mantenimiento, limpieza y conservación, un ámbito donde Andalucía también prepara una nueva señalización de espacios naturales. El conjunto refuerza el papel de Los Alcornocales como banco de pruebas para decisiones ambientales con efectos dentro y fuera de Andalucía.
Para ampliar información sobre esta iniciativa, puedes consultar la web de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente.