Las lluvias persistentes y las temperaturas templadas han dejado a varias plantas “cargadas” tras semanas de agua. Los alergólogos advierten de una liberación brusca de polen en los próximos días, con especial vigilancia sobre cipreses y ortigas.
Tras un invierno marcado por el paso de borrascas, como ocurre hoy con la borrasca Pedro en Andalucía, la combinación de humedad y un ascenso térmico a corto plazo está creando el escenario perfecto para que muchas personas noten de golpe el inicio real de la temporada de alergias. Los especialistas esperan un repunte notable de polen, especialmente de cupresáceas (cipreses y arizónicas) y urticáceas (ortigas), con síntomas que podrían prolongarse durante la primavera.
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Las semanas de lluvia preparan el terreno para un pico de polen
El doctor Juan José Zapata, presidente del Comité de Aerobiología Clínica de la SEAIC, explica que las precipitaciones han frenado en parte los niveles en el aire, pero han dejado a las plantas con “mucha carga” acumulada. Por este motivo, si se encadenan días de sol y temperaturas suaves, es probable que se produzca una polinización “muy brusca” y, por tanto, un aumento repentino de síntomas.
En este sentido, el experto recuerda que ya se vio un patrón similar el año pasado. Con los datos de seguimiento aerobiológico, señala que entre esta semana y la próxima podría registrarse un pico importante, sobre todo en cupresáceas, un clásico del final del invierno y el inicio de la primavera.
Cipreses, arizónicas y ortigas: las especies que ahora más preocupan
Aunque los cipreses y arizónicas suelen llevarse buena parte del foco, Zapata pide no perder de vista a las urticáceas. Son plantas de polinización rápida y, cuando la temperatura sube y aparece el sol, pueden generar “picos muy extremos” en poco tiempo.
A ello se suma un factor práctico: si no hay demasiado viento, el polen tiende a concentrarse y puede “quedarse” más cerca del suelo, agravando la exposición. En zonas urbanas o con parques y jardines, la mezcla de vegetación ornamental y condiciones templadas puede traducirse en más estornudos, picor ocular y congestión de lo habitual.
De marzo a agosto: calendario orientativo de pólenes que vienen después
La doctora Belén de la Hoz, jefa de Alergología del Hospital Ramón y Cajal, sitúa el siguiente relevo en el calendario: entre marzo y abril suele aparecer el polen del plátano de sombra, especialmente en grandes ciudades. A partir de abril y con picos más marcados en mayo, llega el turno de las gramíneas, consideradas de las más problemáticas a nivel mundial.
En la península, el olivo también tiene un papel relevante, con especial impacto en Andalucía y el este. Y en áreas más secas, como el entorno del valle del Ebro, se suma el polen de Chenopodium (céñigo), que puede extender los síntomas hacia julio y agosto. Eso sí, las fechas son orientativas: si en mayo llueve mucho, la polinización puede retrasarse; si deja de llover, el escenario puede volverse especialmente intenso.
Humedad y contaminación se suman al polen y disparan los síntomas
Más allá del polen, la humedad sostenida también afecta a quienes tienen sensibilidad a otros alérgenos. De la Hoz advierte de que estas condiciones no ayudan a pacientes con alergia a ácaros del polvo doméstico, y que también favorecen a hongos como Alternaria, otro desencadenante habitual en personas predispuestas.
Además, ambos especialistas subrayan un tercer ingrediente que empeora el cuadro: la contaminación. No solo irrita las mucosas y puede agravar asma o rinoconjuntivitis, sino que también puede hacer que el polen sea más “agresivo” para el organismo. A esta tendencia se suma, además, la evidencia de que la temporada de polen se está alargando: algunos estudios han descrito extensiones de varias semanas en las últimas décadas.
Gafas, mascarilla y casa ventilada poco: trucos para pasar la temporada
Dado lo anterior, los alergólogos insisten en un punto clave: diagnóstico preciso. No todo lo que pica en primavera es alergia, y confirmar a qué pólenes se reacciona abre la puerta a tratamientos más ajustados, incluida la inmunoterapia cuando está indicada.
Para quienes ya saben que son alérgicos, el objetivo es reducir el contacto. Evitar salir en días de sol y viento, usar gafas de sol y recurrir a mascarilla en momentos de alta concentración puede marcar la diferencia. En casa, se recomienda ventilar poco tiempo (unos diez minutos), no tender la ropa al aire libre, ducharse y cambiarse al volver de la calle y evitar hacer ejercicio en zonas muy ajardinadas cuando los niveles están altos. Como apoyo, Zapata aconseja consultar fuentes de seguimiento como el portal polenes.com para anticiparse a los días más complicados y arrancar el tratamiento cuanto antes.
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