Atento a estos 4 factores que alertan de un infarto o un ACV mucho antes de que ocurra

Un análisis con millones de historiales clínicos revela que, antes de un evento cardiovascular, casi todas las personas presentaban al menos un factor de riesgo clásico. La presión arterial destaca como el más repetido, pero no suele actuar sola.

Como cuando el coche enciende testigos en el cuadro y seguimos conduciendo “hasta que se rompe”, el cuerpo también avisa con antelación. Un estudio de gran tamaño, publicado en la Revista del Colegio Americano de Cardiología (JACC), sugiere que infartos, accidentes cerebrovasculares (ACV) e insuficiencia cardiaca, rara vez aparecen sin pistas previas: casi todos los pacientes tenían, antes del primer episodio, al menos un factor de riesgo tradicional. De ahí la importancia de no limitar la prevención a gestos mínimos, ya que los especialistas insisten en que, especialmente a partir de los 60 años, caminar no basta si se quiere mantener una buena salud cardiovascular.

El contexto que explica por qué el corazón y el cerebro avisan antes

Los investigadores revisaron registros de salud de más de 9 millones de adultos en Corea del Sur y cerca de 7.000 en Estados Unidos, con seguimientos que en algunos casos se prolongaron hasta dos décadas. Su objetivo era comprobar si, antes del primer evento, ya se observaban señales conocidas y medibles.

La conclusión va contra una idea extendida: que muchas crisis cardiovasculares ocurren “sin antecedentes”. En la práctica, la presencia de valores no ideales fue casi universal entre quienes acabaron sufriendo un infarto, un ACV o desarrollando insuficiencia cardiaca. Y, además, lo habitual era acumular más de una alerta a la vez.

Las cuatro “luces” más habituales que se encienden años antes

El trabajo se centró en cuatro marcadores clásicos: presión arterial, colesterol, glucemia y tabaquismo. Para definir niveles “no óptimos” se utilizaron los criterios de salud cardiovascular ideal de la Asociación Americana del Corazón (AHA), que consideran señal de alerta:

  • Presión arterial por encima de 120/80 mmHg o estar en tratamiento.
  • Colesterol total por encima de 200 mg/dL o estar en tratamiento.
  • Glucemia en ayunas de 100 mg/dL o más, diagnóstico de diabetes o tratamiento.
  • Fumar o tener antecedentes de tabaquismo.

En un análisis adicional, el equipo también revisó umbrales “clínicamente elevados”, los que suelen activar diagnósticos más claros en consulta: presión de 140/90 o más, colesterol ≥240 mg/dL, glucosa ≥126 mg/dL y tabaquismo actual.

Los detalles numéricos que refuerzan la prevención cotidiana en salud

Los resultados fueron consistentes entre poblaciones: más del 99% de quienes tuvieron un episodio o insuficiencia cardiaca presentaba al menos un factor de riesgo no óptimo antes del evento, y más del 93% acumulaba dos o más.

Si hay un protagonista, ese es la hipertensión o presión alta, presente en torno a casi el 95% de los pacientes analizados. Dicho de otro modo: la señal más repetida está también entre las más fáciles de vigilar con controles periódicos.

Y cuando se miraron los umbrales más altos (los “ya claramente peligrosos”), el patrón se mantuvo: al menos 9 de cada 10 pacientes (hombres y mujeres) mostraba algún factor importante antes de su primer episodio.

Cuando varias señales se combinan aparece el síndrome metabólico

El problema, como señalan los expertos, es que a menudo no se trata de una única alarma, sino de varias al mismo tiempo. En ese escenario aparece el síndrome metabólico, que se estima presente en casi un tercio de la población mundial, y que se diagnostica al cumplir tres o más criterios como presión elevada, azúcar alta, exceso de grasa abdominal y alteraciones de colesterol o triglicéridos.

Ese “perfil mixto” aumenta el riesgo porque favorece procesos como la aterosclerosis, la acumulación de grasa y otras sustancias en las arterias. Con el tiempo, esas placas pueden estrechar u obstruir el flujo sanguíneo y terminar desencadenando un infarto o un ACV.

La trascendencia para el estilo de vida: hábitos simples y sostenibles

Dado lo anterior, los autores subrayan la importancia de la prevención primaria, es decir, actuar antes del primer susto. En esa línea, la AHA propone las Life’s Essential 8, ocho pilares que funcionan como guía práctica: no fumar, alimentación saludable (con patrones como la dieta mediterránea o la DASH), actividad física regular (150 minutos semanales moderada o 75 vigorosa), dormir bien (7 a 9 horas en adultos), mantener un peso saludable y controlar presión, colesterol y azúcar en sangre.

La advertencia final no es menor: una revisión de casi 500 estudios encontró que solo un 4% de los participantes alcanzaba una salud cardiovascular “ideal” según esas métricas. Por este motivo, el mensaje de fondo es claro: las señales suelen estar ahí, y detectar a tiempo esas “luces” puede marcar la diferencia en la vida diaria.

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