Especialistas advierten de que, además del temido efecto rebote, pueden alterar el metabolismo y afectar a la salud física y mental.
Con la vuelta a la rutina, muchas personas se marcan un objetivo inmediato: bajar los kilos ganados en celebraciones y reuniones. En ese contexto, las llamadas dietas milagro se presentan como una solución tentadora por su aparente facilidad, pero los expertos insisten en que el precio puede ser alto.
“La culpa por haber comido y bebido más de lo habitual suele disparar la búsqueda de atajos en esta época”, explica Roshni Peswani, dietista y nutricionista en el Hospital Perpetuo Socorro (HPS). El problema, subraya, es que esas estrategias rápidas rara vez educan en hábitos sostenibles.
El contexto de las dietas rápidas tras las fiestas: culpa, urgencia y promesas llamativas
La promesa es siempre similar: perder peso en pocos días, casi sin esfuerzo, con menús rígidos o eliminando grupos completos de alimentos. Sin embargo, lo que se anuncia como “depuración” o “reset” suele traducirse en restricciones difíciles de mantener y, en muchos casos, contraproducentes.
De hecho, el retorno brusco a dietas muy bajas en calorías tras semanas de comidas abundantes puede desencadenar respuestas defensivas del organismo, que interpreta la situación como una etapa de escasez.
Los detalles que alertan los especialistas: metabolismo más lento, hormonas alteradas y más apetito
El doctor Julián Tamayo, especialista en Endocrinología y Nutrición en el mismo centro, señala que estos cambios drásticos favorecen alteraciones metabólicas que complican el mantenimiento del peso a medio plazo. Entre ellas, destaca la reducción del gasto calórico en reposo y el aumento de la eficiencia energética.
En otras palabras: el cuerpo “ahorra”. Según Tamayo, también se producen cambios en hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad. Disminuye la producción de leptina e insulina y aumenta la de grelina, lo que incrementa el apetito y contribuye al conocido efecto rebote.
A esto se suma un riesgo añadido: cuando no llegan suficientes hidratos de carbono ni grasas, el organismo busca energía donde puede, incluso en proteínas del músculo. Esa pérdida de masa muscular reduce el gasto energético diario y facilita recuperar el peso al retomar una alimentación normal.
Qué dietas milagro se repiten cada año: détox, ayunos mal planteados y “monodietas”
Entre las fórmulas más repetidas están las dietas détox basadas en batidos o jugos, los ayunos intermitentes mal diseñados y las propuestas que eliminan por completo grupos de alimentos como los hidratos de carbono o las grasas.
También vuelven las llamadas “monodietas”, centradas en un único ingrediente: piña, limón o alcachofa, además de planes hiperproteicos que en ocasiones se popularizan en redes sociales de la mano de influencers.
Peswani advierte de que, por lo general, son pautas “muy restrictivas e insostenibles”. Y añade una clave: si no se reeducan los hábitos que llevaron al aumento de peso, al abandonar la dieta es habitual recuperar lo perdido… y, a veces, sumar algunos kilos extra.
Menos de mil calorías al día: déficits, malestar emocional y señales de alarma
Muchas dietas milagro contemplan ingestas por debajo de las mil kilocalorías diarias. Esa restricción extrema puede provocar déficits nutricionales con señales conocidas: caída del cabello, uñas frágiles, sequedad de la piel, mareos, irritabilidad o cambios de humor.
El impacto no es solo físico. Estas dietas tienden a clasificar los alimentos en “buenos” y “malos”, generando frustración y culpa cuando no se mantienen. Ese patrón puede deteriorar la relación con la comida y aumentar el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria.
Además, el déficit energético y nutricional puede tener efectos más profundos: alteraciones hormonales como la amenorrea en mujeres, problemas hepáticos o renales y molestias intestinales asociadas a cambios en la microbiota.
La trascendencia para un estilo de vida saludable: hábitos realistas, horarios y ejercicio constante
Frente a los atajos, los especialistas recomiendan una vuelta a lo básico: retomar rutinas, apostar por una alimentación equilibrada y “de patrones reales”, regular horarios de comidas y mantener actividad física con regularidad.
En este sentido, el objetivo no debería ser una pérdida rápida, sino un cambio sostenible. La diferencia, recuerdan, no está en una semana de restricción, sino en la constancia diaria que permite cuidar la salud sin caer en la rueda de la culpa y el rebote. Conoce más noticias relacionadas con tu salud en nuestra sección de estilo de vida.