Tras la resaca de la Lotería de Navidad, el Sorteo del Niño 2026 vuelve a convertirse en el “plan” de muchos hogares para alargar la ilusión hasta Reyes.
Año tras año, el Sorteo del Niño reaparece como una segunda oportunidad para quienes se quedaron a las puertas en diciembre. Más allá de los números, su fuerza está en lo que representa: tradición, ritual familiar y esa sensación de empezar enero con un pequeño margen para soñar. Un sorteo con raíces antiguas, una fecha que no siempre fue la misma y 770 millones de euros en premios que mantienen viva la esperanza.
La historia del Sorteo del Niño y sus primeras huellas
Con el paso del tiempo, la Lotería del Niño se ha consolidado como el segundo sorteo más importante de la Lotería Nacional. Sin embargo, no siempre tuvo el protagonismo que hoy se le atribuye, ni estuvo tan ligado a la mañana de Reyes como lo está ahora.
Sobre su origen, Loterías y Apuestas del Estado reconoce que es difícil fijar un punto de partida exacto. La razón es sencilla: faltan referencias claras en programas, listados de premios o resoluciones oficiales de época que permitan seguirle el rastro con precisión.
Aun así, sí existen menciones documentales que muestran que el sorteo era conocido popularmente por su nombre actual, al menos, desde 1868. La cercanía con la Epifanía del Señor y la Adoración de los Reyes Magos se perfila como una de las claves que explican su arraigo en estas fechas.
El cambio de fecha que lo llevó a la mañana de Reyes
Uno de los datos que más llama la atención al mirar atrás es que, hasta 1999, el sorteo no se celebraba el 6 de enero. Durante años, la cita era el 5 de enero, en la víspera de Reyes, lo que cambiaba por completo el “tempo” emocional de esas jornadas.
Ese giro en el calendario acabó reforzando su vínculo con el día grande de la ilusión infantil y familiar. Desde entonces, para muchas casas, comprobar el décimo se ha integrado en la rutina de Reyes: entre desayunos especiales, regalos a medio abrir y mensajes que saltan en los grupos de amigos.
A nivel institucional, el sorteo fue ganando entidad a lo largo del siglo XX. En 1941 se le dotó de personalidad y denominación propia, y en los años siguientes se incorporaron novedades que hoy forman parte del lenguaje habitual del jugador.
Cifras de ventas y premios que alimentan la tradición en 2026
Entre esas novedades, destaca la llegada de los reintegros en 1942 y, desde 1946, los premios de terminación y de reintegro. Son detalles que explican por qué, incluso sin “el Gordo”, tanta gente siente que aún queda partido por jugar.
En la edición de 2026, el Sorteo del Niño repartirá un total de 770 millones de euros en premios. El primer premio está dotado con dos millones de euros por serie (200.000 euros al décimo), el segundo con 750.000 euros (75.000 al décimo) y el tercero con 250.000 euros (25.000 al décimo).
En cuanto al seguimiento, los datos de 2025 ayudan a entender su dimensión: las ventas alcanzaron 854,1 millones de euros, con un gasto medio nacional de 18,20 euros por habitante. Entre las comunidades que más invirtieron destacaron Asturias (30,20 euros), Castilla y León (28,89 euros) y La Rioja (26,01 euros).
Un sorteo que mantiene la ilusión después de la Navidad
Más allá de la estadística, el Niño funciona como un cierre simbólico de las fiestas. Para muchos, es el último momento en el que “puede pasar algo” antes de volver a la rutina, y eso explica su tirón emocional y social.
También se mantiene vivo por su puesta en escena. Hasta 1965 se celebró de forma ininterrumpida con el sistema Antiguo o Tradicional, con un bombo para números y otro para premios. Desde 1966 se adoptó el sistema Moderno o de Bombos Múltiples, con cinco o más bombos que representan unidades, decenas y centenas.
En este sentido, la Lotería del Niño 2026 no es solo un sorteo: es una costumbre compartida que atraviesa generaciones. Un pequeño ritual colectivo que, gane quien gane, sigue dando conversación, esperanza y un motivo para alargar la magia unos días más. Síguenos para conocer más noticias de estilo de vida.