La Laguna de Cañaveral de León, declarada BIC en 2009, vuelve a llenarse con agua de manantial tras cuatro años de sequía.
Calor, siestón y aire acondicionado: tres palabras que todo andaluz asocia al verano casi tanto como al gazpacho. Cuando el termómetro aprieta, salir a la calle a pleno sol se convierte en deporte de riesgo… salvo que encuentres un oasis. Cañaveral de León (Huelva) presume precisamente de eso: una alberca que es piscina y, además, joya patrimonial. Aquí no hay toboganes de colores ni cloro a raudales; lo que manda es el agua fresca de manantial y una tradición que se remonta a los tiempos de los cántaros. Quizá por eso la llaman, con orgullo, La Laguna. Y sí, es la única piscina en España con la etiqueta de Bien de Interés Cultural (BIC).
¿Qué hace única a La Laguna de Cañaveral de León?
Para empezar, su ubicación: justo frente al ayuntamiento, en pleno Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, casi a un paso de Extremadura. No es una piscina al uso, sino una alberca de riego que el pueblo aprovecha cada verano como zona de baño, conservando el flujo continuo del manantial de la Fuente Redonda.
La cultura del agua manda aquí. El manantial recorre los bajos de las casas, toma una acequia larguísima y desemboca en la laguna, todo un circuito que refresca cuerpo y memoria colectiva. Quien busque chorros termales o duchas modernas va listo: lo que sobra en otras piscinas se compensa con autenticidad.
¿Cómo se convirtió en Bien de Interés Cultural?
La Junta de Andalucía la declaró BIC en 2009, dentro de la categoría de Lugar de Interés Etnológico. El reconocimiento no cayó del cielo: durante décadas, cuando no había agua corriente, las mujeres del pueblo peregrinaban a diario con cántaros y botijos para abastecer sus hogares. Aquellos paseos repetidos cimentaron un vínculo que hoy se protege por ley.
Amplificada en los años 60 del siglo XX y siempre ligada a la vida agrícola local, La Laguna funciona como archivo vivo de la relación entre los cañeteros y su agua. Más que una postal veraniega, es un ejemplo palpable de cómo una infraestructura rural puede convertirse en patrimonio sin perder su uso cotidiano.
¿Por qué volvió a abrir después de cuatro años de sequía?
Entre 2020 y 2023, pandemia mediante, los 400 vecinos se quedaron con las ganas de zambullirse: primero las restricciones sanitarias y luego la sequía dejaron el vaso seco. Por fortuna, las lluvias primaverales de 2024 llenaron de nuevo el manantial y, en junio de ese mismo año, la alberca reabrió sus compuertas (literalmente) para alegría de propios y visitantes.
Este verano repite plan “a la antigua”: agua cristalina, sin cloro y sin aforos imposibles. Mientras otras localidades levantan megacomplejos acuáticos con ticket electrónico, aquí se mantiene la fórmula clásica: manantial abierto y tradición intacta. Ironías del progreso, ¿no?
Cómo puedo disfrutar de esta piscina‑alberca
Antes de lanzarte de cabeza, conviene tener en cuenta varios detalles para que la visita sea redonda:
- Verifica en la web o en el tablón municipal si la laguna está abierta: depende del nivel del manantial.
- Respeta la corriente de entrada y salida del agua; así todos disfrutan del fluir continuo.
- Combina el chapuzón con la Ruta del Agua o el Museo Etnológico del Aceite: todo queda a pocos metros.
- Recuerda que es Bien de Interés Cultural; evita cremas grasas o colchonetas que puedan dañar la lámina.
- Si vas en coche, aprovecha las horas menos concurridas (primeras de la mañana o últimas de la tarde) y deja el vehículo fuera del casco histórico.
Con estas pautas, bañarse en La Laguna será casi tan refrescante como escuchar a los mayores contar cómo llenaban los botijos hace medio siglo. Porque, al final, este rincón onubense no es solo agua: es memoria líquida que el pueblo comparte generosamente cada verano.
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